Manual para un trabajo invisible

Este verano me pidieron un poema (publicado previamente o no) para un proyecto sobre «la mujer». Suelo ser reacio a aceptar este tipo de peticiones, la verdad (no sé muy bien por qué, llamémoslo desconfianza íntima), pero en esta ocasión se cruzaron esta petición (bien insistente) y la asistencia al acto de presentación de «Leyendo el turismo» y cosas que se hablaron allá tuvieron un cierto efecto gatillo, que vino a disparar este poema, aunque sugiero mejor que vean atentamente este reportaje y piensen en todos esos «trabajos invisibles» que alguien (normalmente mal pagado y en malas codiciones laborales, para eso es «invisible») realiza, en particular antes de ponernos estupendos con nuestros «derechos como consumidores». Ajustemos la mirada.

MANUAL DE LIMPIEZA DE PISO EN ESTABLECIMIENTO HOTELERO


William Carlos Williams se extasiaba ante la clara luz, la cama
perfectamente hecha.

Ella no tiene tiempo para un momento zen:
olfatea,

cruza la habitación con la nariz bien abierta,
abre la ventana para que corra el aire,
se oree el rancio aroma a soledad,
a noche con amigos y alcohol,
al desatado amor ocasional,
a cosas difíciles de explicar.

Desviste la ya deshecha cama,
amontona las sábanas revueltas.

Recoge la basura a la vista:

las pequeñas botellas
los trozos de papel
los restos del naufragio
que cada noche deja.

Limpia las superficies.
Elimina el polvo que destella al sol sobre los muebles
y afronta el baño.

Limpia con gesto amplio los azulejos,
la sospechosa taza,
la ducha, los espejos.
Elimina las trazas
de la humana ruina
y repone los artículos de cortesía.

Vuelve sobre la cama, la viste
en cuatro movimientos,
una coreografía automatizada.
Barre, Friega el piso o limpia la moqueta
que habrá de eliminar en la próxima reforma.

Revisa, vuelve a abrir las ventanas
de su nariz buscando alguna señal escondida.
Todo bien, huele a limpio,
corre las cortinas para que una amable penumbra
reciba al cliente.
Cierra.

Siguiente habitación, 20/25 diarias:
túnel carpiano, espalda, rodillas, cervicales.
Y queda volver a casa.

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