Enzensberger

De verdad que mi último plan para este blog es que se convirtiese en un panel de obituarios… pero vaya rachita que llevamos para cerrar este atronador año 22. Hace unos días nos dejó un gigante europeo, Hans Magnus Enzensberger, a quien tanto debo en mi manera de ver el mundo, y tan presente, de una manera u otra en este blog.

Enzensberger tiene un gran peso como ensayista y observador político, pero quizás, por encima y ante todo eso fue un poeta como un castillo de grande, con uno de los libros de poemas que me mostraron que en poesía se podía hacer cualquier cosa, que un libro de poemas podía ser un artefacto transmedia antes de que esa palabra existiera: «El hundimiento del Titanic». En él, entre otras cosas, nos explicó una serie de nuevos motivos porque los poetas mienten:

NUEVOS MOTIVOS POR LOS QUE LOS POETAS MIENTEN


Porque el instante
en que la palabra feliz
se pronuncia
no es nunca el instante de la felicidad.
Porque los labios del sediento
no hablan de sed.
Porque por boca de la clase obrera
nunca oiréis la palabra clase obrera.
Porque el desesperado
no tiene ganas de decir
«estoy desesperado».
Porque orgasmo y Orgasmo
son incompatibles.
Porque el moribundo, en lugar de decir,
«me estoy muriendo»
no emite más que un ruido sordo
que nos resulta incomprensible.
Porque los vivos
son los que rompen el tímpano de los muertos
con sus terribles noticias.
Porque las palabras acuden siempre demasiado tarde
o demasiado pronto.
Porque de hecho es otro,
siempre otro,
el que habla,
y porque aquel de quien se habla
calla. 


También fue de los primeros poetas en estudiar la relación entre el mundo de las ciencias y de la poesía, con su «Los elixires de la ciencia», y hasta se volvió divulgadir matemático con «El diablo de los números». Como ensayista político, tal vez inspirado por esos viejos anarquistas españoles que tan bien retrató en «El corto verano de la anarquía», mostró siempre en sus ensayos una sana desconfianza frente a las diferentes encarnaciones del poder, pero, como les digo, para mi Enzensberger es un poeta que se puso a hacer otras cosas. Aquí lo tenemos, diciendo en español otro de sus poemas de referencia:

Otro enorme que se va.

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