Irán en el corazón: Forugh Farrokhzad

El régimen teocrático de Irán es uno de mis trabes recurrentes. No cabe dictadura más perfecta que la que se impone en nombre de Dios, bien lo sabemos acá, con nuestro dictador entrando bajo palio en las catedrales. Cabría decir que otros países musulmanes comparten esta condición con Irán (por ejemplo el repugnante régimen saudí), pero creo que Irán le añadió algunos pluses, uno: el haber surgido de una revolución que no tenía por qué haber acabado así -lo que vuelve, de alguna manera, más dolorosa su actual condición-, y dos: el mando lo ejerce directamente, no delegados civiles con más o menos autonomía, no una familia real sustituible por otra, sino la propia casta sacerdotal.

Pero ni siquiera este tipo de dictaduras, a pesar de su proclamación sacra y, por tanto, supuestamente inmutable, es resistente al paso del tiempo y a las ansias de libertad de los seres humanos. Libertades muy simples cabe decir: libertad de hablar, libertad de vestir como se quiera, libertad de circular, viajar, establecerse, libertades, ay, siempre en peligro. La muerte en siniestras circunstancias de Mahsa Amini ha disparado una nueva oleada de intensas protestas en Irán. No es el primer ciclo de moviliaciones que resiste más o menos impertérrito el régimen teocrático, pero al golpito, se va acercando el último, el que lo tumbe, el que dé sentido a las muertes prematuras de tantas y tantos jóvenes tiroteados por sus propias autoridades, por quienes deberían estar ahí para protegerlos. Mírenlos, joder, se parecen tanto a mis hijos…

Este es un blog sobre poesía, y estas noticias me trajeron a la cabeza a una poeta iraní que descubrí hace años, Forugh Farrokhzad, como cuento en esta entrada de año 2006. Ahí cuento lo que entonces descubrí, y ahí publiqué también una versión al castellano de uno de sus poemas: «Sólo el sonido permanece». Ahora, de vuelta a Irán y a Forugh, me encuentro este otro poema suyo que creo que puede venir muy al caso en este momento justo, en el que la esperanza de cambio se enfrenta a la oscuridad asesina de quienes vociferan en nombre de un dios del que predican ser «Clemente y misericordioso». Esta versión al castellano se basa en la hecha en inglés (yo no hablo farsi, siento decepcionarles) de Sholeh Wolpé, que, junto con otras versiones a ese idioma de Farrokhzad, podrán encontrar en este enlace.

EL REGALO

Hablo desde el profundo final de la noche.
Hablo del fin de la oscuridad. 
Hablo del final de la noche profunda.

Oh dulce amigo, si visitas mi casa
traeme una lámpara, ábreme una ventana
para poder vislumbrar el abarrotado paseo de los afortunados.


Ojalá acabe pronto la noche en Irán. Mientras, sabiendo que los protagonistas de esta lucha sólo pueden ser las y los iraníes, tratemos de abrir ventanas, aunque sea desde fuera, para evitar que el fanatismo religioso (cualquier fanatismo) siga causando víctimas invisibles, como Zahra Sedighi-Hamadani y Elham Choubda. Basta ya. Ya ha corrido demasiada sangre, ya han habido demasiados sacrificios humanos.

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