Qué no hacer: una nota reactiva

Trato de no escribir por reacción, y de hacerlo siempre desde una actitud positiva y abierta, peeeeeero, hace unos días me encontré con esta reseña en algo que aparenta ser un medio respetable y no acababa de entender si estaba ante un texto serio o una parodia. Si se tratara de esto último me molestaría la crueldad innecesaria, si fuese una reseña «en serio»… bueno, leanla. Es cierto que en el género de la reseña hay espacio para una actitud generosa con las y los amigos, pero algo de base tiene que haber en la valoración, si estamos trabajando desde una posición crítica, aunque sea elogiosa, y, en todo caso, no se puede ser baboso y resaltar simplonerías como si se tratara de genialidades.

La cosa es que esto me llevó a otro terreno. Resulta que, confrontado a un texto de este tipo, lleno de palabras tan «redondas» como vacías, siento que no tengo nada claro qué es la poesía. Tengo por ahí una definición que no puede ser más relativista, porque me fallan las certezas teóricas, pero sé lo que me gusta y lo que no, por eso prefiero siempre hablar de poemas concretos. Me gustan, por frescas, estas dos ideas de de Ezequiel Zaidenwerg:

«1. La poesía es un arte colectivo y público porque va empujando de manera imperceptible pero obstinada los usos y los límites de la lengua común: de lo que se puede pensar, decir y sentir con palabras.

2. La poesía es una tecnología de la palabra y una pedagogía de la atención.«

Sé que un poema puede ser breve o extenso, sencillo o complejo, directo o abierto a cientos de interpretaciones, fruto de un trabajo estructurado o de un arrebato, de una iluminación, y que puede utilizar diferentes niveles del lenguaje porque no existe un nivel específico ( creo que no existe o que no debería existir) llamado «lenguaje poético». Y sé que lo que no debe ser es cursi, pedante, o ambas cosas a la vez.

Nunca he participado, ni como alumno ni como docente (esto último, por suerte) en talleres o escuelas de poesía. No contaría para ello con más pedigrí que mis libros y mis poemas (ni siquiera puedo agitar un premio suelto o un diploma), así que me dio por pensar en qué les diría yo a un puñado de aprendices de poeta ( esto es: gente como yo, compañeras y compañeros de viaje) si me pusieran en esa situación «profesoral», para tratar de alejarles de los horrores de la pedantecursilería. Tendría que ser algo derecho al tema y rapidito, para poder pasar pronto a la cerveza en una terraza a hablar de las cosas de la vida Así que acá van mis «que no hacer», que son apenas un apunte sobre los celebres «unos cuantos no» de Pound, que tradujeron en su momento Ernesto Cardenal y José Coronel Urtecho.

La poesía se construye con palabras, palabras que nombran lo que de cerca o lejos nos rodea. Con las palabras y con lo que nos rodea (no quiero usar la palabra «realidad» demasiado cargada de significados y, por tanto, casi desarmada) hay que tener cuidado. Hay un par de frases que conviene tener en un cuaderno de notas o en un post it siempre a mano, a modo de recordatorio, estas son:

William Carlos Williams: «no hay ideas sino en las cosas».

«La verdad es concreta». Se dice que Bretch tenía esta frase colgada en una pared de su habitación (la verdad -otra palabra en crisis- también es compleja y contradictoria, como nos ha tocado aprender).

«Evitar el lenguaje nebuloso de las clases fraudulentas». Pound en «El ABC de la lectura«.

Aunque cabría decir que todo estó lo dejó más afilado nuestro Antonio Machado, no ya sólo a través del famoso ejercicio de Mairena, sobre «los acontecimientos consuetudinarios que acontecen en la rua», sino en estos versos: «Oscuro para que atiendan. / Claro como el agua, claro / para que nadie comprenda.»

Y esta breve selección viene a cuenta de lo siguiente: solemos criticar con acidez el «lenguaje de madera» del político o el funcionario: ese argot espeso en el que siempre se repiten los mismos adjetivos, que varían según la moda oficial de turno, pero esto también es un riesgo en la escritura de poesía cuando se empiezan a repetir epítetos de «tono poético» o se asume que existe un «lenguaje poético» lleno de palabras «poéticas» que es el que HAY que utilizar, a saber: «sublime», «inefable», «transparente», «eterno», «fugaz», «inasible», etc. que, de tanto repetirse se convierten en jerga y pierden cualquier tipo de significado. Respecto, en concreto, a la palabra inefable, se dice que es objetivo de la poesía el alcanzar a decir lo inexpresable, llevar el lenguaje más allá de sus límites, lo que se suele llamar «lo indecible» o «inefable». No digo que no, pero utilizar la palabra «inefable» en cada poema no te pone más cerca de conseguirlo. Huye de las palabras cliché, y, ojo, ten cuidado, porque cada «poesía de sabores» tiene las suyas. Destaco estas porque me molestan mucho a mí. Cada cual tiene sus manías.

Y otras palabras que tratar con pinzas: aquellas terminadas en «ad» o en «ud», tan solemnes y campanudas. Y, por favor (un favor personal que te pido) huye como de la peste de lo que llamo «el imperativo peninsular«: estas escribiendo poemas, no dando órdenes ni instrucciones, y menos con aire de agente colonial.

Muy en resúmen: mucha atención a los adjetivos y a su proliferación. Pregúntate siempre si no sobra alguno.

Respecto a la temática soy de los que creo que no existe tal cosa como «tema poético». La poesía puede tratar los asuntos más elevados, las experiencias más místicas y las que consideramos más escatológicas o bajas, los más «íntimos» y los más expresamente «políticos». No insistiré en este tema, búscate un libro de poesía del Siglo de Oro español para que veas.

Ciertos tropos o motivos tipo «tempus fugit» u oxímoron como «eterno instante» (de los que tan orgulloso parece estar el reseñista o el reseñado que mencioné antes, no sé), debieron ser originales en algún momento, hace mucho, mucho tiempo. Eso no significa que no puedas tratarlos porque al final el ser humano gira alrededor de las mismas experiencias desde la prehistoria, pero, antes de liarte, primero mira a ver qué se ha escrito antes (lee), y por la vía rápida te propongo un ejercicio, en particular con los dos ejemplos mencionados: Escucha atentamente el bolero del reloj, ya sabes: «reloj, no marques las horas…» Cállate y escúchalo de verdad. Si no puedes mejorar su tratamiento de la fugacidad del tiempo, del ansia por detenerlo, déjalo.

Pero ¿porqué funciona la letra de este bolero tan popular? ¿por qué quien lo escucha se siente transportado a esa situación, a ese querer impedir el paso del tiempo ineluctable (yo también se usar adjetivos cliché, ya ves)? porque su autor no se dedica a balbucear términos «que suenan poéticamente bien», términos «poético-filosóficos» indeterminados, o «sensaciones inefables» sino que concreta en una experencia, en un objeto: el reloj, que ritma el tiempo con su tictac, algo que todos hemos sentido alguna vez; una experiencia compartida, «objetiva», con otras personas.

porque… ten en cuenta dos cositas sobre tu subjetividad, que tanto aprecias:

a) ni lo es tanto como crees: hasta la manera en que sentimos y expresamos nuestro sentir es adquirida, aprendida (aprehendida) en sociedad.

b) ni, en todo caso, es tan interesante como te crees.

Esto es: mira hacia adentro, pero mira también hacia afuera, y, más interesante: mira hacia tu adentro a través de lo que te rodea. Afila la mirada. Confrontate con la vida.

Y, terminando con la temática… como poeta, tú eliges las misiones que quieras realizar, pero debes saber que tu única arma valida, la única que te da puntos, son las palabras. Las buenas intenciones no justifican un poema, y si el poema es malo (cursi, pedante, y otra cosa muy molesta: condescendiente) pasa a ser un arma del enemigo. Cuidadito.

Otra cosita: eres muy libre de difundir tus poemas por los canales que prefieras o tengas más a mano, pero ten siempre en cuenta que cuando publicas un poema en una red social y tu entrada se llena de «megusta», y de «genial», «precioso», etc. todo eso no significa que el poema lo sea, sino que tienes muchos amigos, lo cual siempre está muy bien, pero no te confundas.

Casi como conclusión: elige siempre lo concreto sobre lo general, incluso cuando quieres hablar de «un gran tema». Vigila qué adjetivos usas, no seas pedante, no seas cursi. Escribe sobre lo que quieras pero sé honesta, sé honesto, y considera que no hay decisiones estéticas sin consecuencias políticas, quien te diga otra cosa, miente.

Y si alguien te menciona la palabra «belleza» con alta voz, primero: vigila tu cartera y, segundo: pídele que especifique cual es su definición de belleza aplicada a la escritura de poemas, y considera si se ajusta a tu propio criterio, o no. Aquí, para debatirlas otro día, te dejo unas cuantas ideas de alguien que merece respeto: Roberto Juarroz.

Todo esto, por supuesto, es sólo mi mera opinión, no tiene más peso. Y ahora, vamos a por esa cerveza.

2 comentarios sobre “Qué no hacer: una nota reactiva

Agrega el tuyo

  1. Me encontré con estas islas en la red, un archipiélago por explorar. En este caso el tema de la poesía me atañe en todo sentido. Agradezco mucho la entrada, las referencias, los comentarios, tú opinión. Debo mejorar mis hábitos de lectura e intercambio con pares de wordpress y este archipiélago en la red significa un inmejorable pretexto para dar impulso a ello. Saludos desde México. Excelente escritura.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: