50 estados… para empezar

Llevo unas semanas sumergido en «50 estados: 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos» la «antología imaginaria» o «novela tenue» como la define su propio autor en el prólogo, Ezequiel Zaidenwerg. Le teníamos la pista seguida a Ezequiel Zaidenwerg gracias a su trabajo como traductor (¿cabría decir «traslador», como esos objetos que en Harry Potter te sirven para desplazarte de inmediato de un lugar a otro?¿no genera la traducción poética un efecto similar?) de diferentes obras para la esencial Kriller71, y, de ahí a su blog de visita obligatoria, para descubrir al poeta. Por resumirlo, que ya sospechábamos que Ezequiel Zaidenwerg era un p… genio. «50 Estados» lo corrobora.

Pero, antes de entrar con la obra, o justo a raíz de la obra, me surgió esta pregunta: ¿porqué el interés fuera de lo común que tenemos tanto en Latinoamérica (primero) como en España, por la poesía norteamericana actual, que no se produce con otras que, en su momento, fueron guía o referencia de innovación y /o aproximación al hecho poético, como la poesía francesa o alemana? Se me ocurre que tal vez vemos en la sociedad norteamericana, con su complejísima composición y con sus dimensiones (toda la UE no alcanza la mitad del tamaño de los EE.UU.), la presencia de utopías y distopías, que acabarán o pueden acabar extendiendose a nuestros pequeños territorios, como una visión más o menos distorsionada de un futuro (o unos futuros) cercano posible/deseable/temible. Y ahí andan las y los poetas de esa inmensa nación, capaces de mezclar con toda naturalidad la vanguardia estética más rompedora, con citas y visiones del Viejo Testamento, como si fuesen contemporáneas (tal vez porque lo son).

Ezequiel Zaidenwerg es, con toda seguridad, lo más cercano a un cartógrafo experto de la geografía poética de la Norteamérica actual que podamos encontrar, lo que se las trae en lata. Recuerdo la sensación de agorafobia que me produjo mi encuentro, mientras trasteaba con el concepto de «young laureate poet«, con esta web en la que aparecen (o aparecían, parece ser que tiene algún problema…) un centenar o más de jovenes poetas laureados (esto es, los que han obtenido alguna mención de ese tipo) a nivel local o estatal. La sensación de estar ante un panorama simplemente inabarcable me abrumó.

Así que, tal vez la experiencia de 50 estados surgió cuando Zaidenwerg trata de elaborar una antología de la joven poesía norteameriacana y, aplastado ante las dimensiones de la tarea, decidió «inventar» sus propios poetas jóvenes, que fuesen capaces de personificar las tendencias más dominantes y las emergentes, para mostrar la evolución de la poesía norteamericana actual de una manera coherente y panorámica, antes que enfrentarse a tanto libro, a tanto poema, a tantísimo poeta 😉 [Esto es una broma; como he terminado por no fiarme de como se recibe a veces mi, digamos, humor, quiero hacerlo constar, que no se enfade naiden] A algo así apunta Zaidewerg cuando nos dice en su prólogo que el libro «podría ser un ensayo colectivo acerca de las múltiples maneras de la poesía estadounidense contemporánea».

Metidos en 50 Estados, habría, creo yo, varias maneras de entrarle, aparte de la siempre primera y muy recomendable de empezar desde el principio (siempre recomiendo leer los libros de poemas como se lee una novela, desde el principio hasta el final, para tratar de encontrar el a veces sutil hilo argumental que los poemarios suelen tener con más frecuencia de lo que se piensa). Una: parándonos en las pistas que el prólogo nos ofrece, cuando nos dice que «tal vez traducir sea una forma de mostrar lo que siempre estuvo ahí a pesar de jamas haber estado», o que «eso que llamamos poesía es una interminable creación conjunta, un mosaico de poemas más que una galería de poetas», que coincide, por cierto, bastante con la idea expresada por el viejo gruñón de que «Es de enorme importancia que se escriba gran poesía, pero no importa en absoluto quien la escriba», que tanto se olvida al convertir la poesía en una especie de «agenda de teléfono, y eso nos lleva a una cuestión clave: novela tenue o no, estamos ante un libro de poemas, de grandes poemas, por cierto, así que la otra manera de sumergirnos en los 50 estados / poemas que nos ofrece Zaidenwerg es eso, leer los poemas, ver como se explicitan las diferentes voces, y como se deja ver una evolución que creo, puede responder a la realidad de la poesía norteamericana (esto es un atrevimiento por mi parte, no soy un experto y mi visión de la poesía USA actual está muy mediada por el trabajo curador de Kriller71, Buenos Aires Poetry y Vaso Roto), en tonos y tecnicas, desde los poetas «mayores» que abren el libro, hasta los jóvenes. Hay poco o mucho que decir sobre los poemas, porque uno es atropellado por el alarde técnico, por la habilidad extraordinaria de Zaidenwerg, de modo que, para hacerles justicia, casi que lo mejor es asumir que uno está ante una «antología standard», y dejar atrás el asombro.

Y ahí se encuentra uno con poemas brutales: «mi padre acepta su derrota», «esponjas», «el chico enamorado de su amiga», los «epigramas» de Sarah Diano, «epitafio de Walt Disney», «los nudistas viejos», «La expedicióm polar», las «villanelas» de Ariella Jenkins, «esta canción existe en las estrellas», el tremendo «Declaración de independencia»… quiero decir: si el lector, la lectora, quiere hacer abstracción del entramado del libro, y leer, simplemente (jé) poemas, acá va a encontrar un buen puñado que sostendrían 13 libros (los de los 13 «autores») sin ningún problema.

Creo ver en la «antología» una, digamos, evolución, desde las voces más «adultas» y «sobrias» hasta las más «jóvenes», en los que se despliega un cierto afán experimental vinculado al rescate de la rima y de estructuras clásicas vueltas del revés, o de las técnicas de la vanguardia de hace ya más de un siglo, convertidas en herramientas normalizadas (a estas alturas no cabe considerarlas de otra manera) al servicio del poema. La aparición de un sentido más acusado del ritmo verbal y la reaparición de la rima tendría toda la lógica del mundo en unos autores crecidos en el contexto de las muy activas redes de «spoken word», de «slams«, norteamericanas, y del omnipresente rap, que empujan hacia la oralidad y el ritmo. Desviándonos del tema, cabría preguntarse si algo así sucede o está sucediendo en otras latitudes.

Y otra manera de «meterle mano» a 50 Estados, sería la lectura de las entrevistas a las y los «poetas», que impactan por su verosimilitud, por ese tono tan norteamericano de los autores hablando de su trabajo, lejos de cualquier aire sacerdotal o engolado, y porque, en las historias que se cuentan en ellas, puede uno vislumbrar, tal vez, unos EE.UU. reales en su extraordinaria diversidad, que se refleja en los orígenes, «culturas maternas», contextos y evolución de los 13 «poetas», y en la importancia de ciertos espacios: el instituto, las revistas literarias universitarias, los master de escritura creativa, los circuitos de spoken word, la vida multitarea y multioficio, y, en medio de ese lío, una orientación hacia el encuentro o construcción de la propia identidad (ese concepto tan problemático, con el que tengo mis propios pleitos, y que este mismo libro lanza al aire). Las entrevistas están cruzadas de señales, y un personaje «fantasma» más atraviesa varias de ellas: la invisible, misteriosa poeta Rashida López, la que le dijo no.

Estamos, como señala José Daniel Espejo en su reseña, ante «un artefacto de tecnología literaria punta: heteronimia, autoficción, cruce de géneros, traducción imperfecta, novela dispersa, crítica de obra imaginaria, roman à clef, autoría difusa…» , un «libro transgénero», como señala Tes Nehuén, pero, sobre todo, coincidiendo con José Daniel, ante un libro de poemas monumental.

… y, añado yo, también ante una antología escondida de la poesía norteamericana actual «real» (quiero decir, escrita por poetas de carne y hueso, no por avatares de Zaidenwerg) que se encuentra en las referencias que aparecen en las distintas entrevistas. En modo rata de buscador he ido recogiendo esos nombres, y acá los tienen en un archivito pdf. Creo que sale un interesante mapa, como decía, a medias escondido, de autoras y autores clave.

Este curso (estoy a seis años de jubilarme y mi cabeza sigue organizándose en «cursos», hay que ver qué bien nos programan) está siendo rico en obras que, estoy convencido, van a tener mucha vida más allá del momento inmediato. Nos han llegado Silithus, Fungifuturismo, La Habitación China, y estos 50 Estados (al menos a esta orilla, creo que en Argentina se publicó hace un par de años). Lean poesía, poesía que no viene a confirmar tus certezas o a consolidar musicalmente tu visión del mundo, muy al contrario, que viene a poner tu mundo patas arriba.

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