Cómo una cosa lleva a la otra, o el entramado secreto

Ayer, literalmente bobiando en el tan extenso como a veces inane catálogo de Netflix, me encontré con este documental: MENESE, sobre el cantaor José Menese, artista legendario, nativo de La Puebla de Cazalla, donde en 2018 disfruté de unas intensas 24 horas de poesía y amistad (no pudieron ser más, está era la época en que cualquier viaje a península tenía que ser una oportunidad para estar con mi madre unos días).
Bueno, a lo que iba, yo tengo reconocido que mis conocimientos de flamenco son tan escasos que da pudor mencionarlos. Mi familia, andaluza por los cuatro costados, no tenía rejo alguno en ese mundo, y después nos vinimos a Canarias. Uno sabía, uno sabe, que hay una verdad de una potencia extraordinaria en el flamenco, y, en sus mejores artistas, una energía pura, deslumbrante, una pureza que ellas y ellos llaman, precisamente, verdad. Pero se trataba ( se trata, aunque estoy intentando enmendar algo de ese roto) de una verdad que quedaba muy lejos del jovencito ochentero un tanto desarraigado y contento en ese desarraigo o, si prefieren, rearraigo en otro lugar. Pues este documental es un canal estupendo para tratar de acercarse a esa verdad, a esa energía del cantaor flamenco, de una de las formas más desnudas del arte que existen en el mundo. Tiene bastante presencia mi admirado Patricio Hidalgo, pintaor, videocreador y bellísima persona. Si no conocen su obra, están tardando, y en el docu ofrece varias muestras, una, en concreto, es su versión gráfica del Romance de Juan García, que escribió Francisco Moreno Galván, (hay una parte dedicada a la figura de Moreno Galván, como descubridor y como letrista flamenco particularmente interesante; escribía, dicen, unas letras llenas de un conocimiento que va más allá de la estrofa, de la copla octosílaba, de la rima adecuada para cada cante, sino de saber donde ha de respirar el cantaor, sobre qué sílaba va a quebrarse, a deshacer su íntima verdad) cantó Meneses y pinta Patricio, que te deja en shock.

Y que me recordó que en Canarias tenemos nuestro propio romance (coral) a otro Juan García, obra de Manuel Padorno.

Historias tan parejas, que parecen la misma, si es que, de algún modo, no lo son.

Cómo una cosa lleva a otra, cómo opera el hilo invisible, los trazos de la canción del mundo de la que hablaba Chatwin. Bendita hilazón, bendito entramado.

Esto es una «versión extendida» de una entrada de ayer en el diario (más o menos) que estoy llevando en Telegram; que porqué en Telegram: porque es, al menos por ahora, un lugar tranquilo, donde puedes abrir un rincón, una cantina, libre del griterío que atraviesa (y acabará matando) a otras redes, y es cómodo: el móvil viene a ser tu libreta. Ahí estamos.

Mi diario (más o menos) en TELEGRAM

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