El papel de la crítica: a vueltas con un vídeo

Estos días he estado viendo y escuchando muy atentamente el vídeo en el que Jaime Altozano entrevista y analiza junto a Rosalía su último disco «Motomami». Me fascinan este tipo de documentos en los que te dejan entrar en el proceso creativo, el que sea -pintura, música, narrativa, poesía-,  y poder ver cómo ha funcionado la cabeza de la persona que  da forma a una obra de arte: qué herramientas usa, cómo planifica, como elige un «color» o «tono» en vez de otro. Se trate del campo que se trate, aprendo muchísimo, y me obligan a preguntarme, con la debida distancia, por mi propio proceso, por mi manera o maneras de hacer las cosas.

El papel del crítico, de Jaime, en este vídeo, me resulta ejemplar: desde su conocimiento experto trata de acercarnos, de desentrañar las pistas que nos pueden ayudar a comprender la obra tratada más allá del simplón «me gusta /no me gusta» en sus diferentes tonos, de poco educado a malcriadez extrema, que se encuentra tan frecuentemente en las redes. Vamos con ello de una vez: decir de cualquier pieza de creación «me gusta / no me gusta, es genial /es una p… mierda» no es una opinión, es un exabrupto con muy escaso valor informativo. Una opinión con algo de valor es la que explica porqué una obra te ha gustado o no, la que te indica cuales son los puntos fuertes o los puntos débiles de un trabajo desde tu punto de vista. Esto es de perogrullo pero a veces en este mundo cacofónico conviene recordarlo: una opinión fundada no es lo mismo que un exabrupto, y no todas las opiniones tienen el mismo peso. Cuando nos olvidamos de este detallito entramos en el mundo enloquecido de tuiteo y la conspiranoia populista.

Entre autora y crítico, en este vídeo se realiza un esfuerzo de clarificación que te permite disfrutar la obra tratada en mayor profundidad, detectar matices que te hubieran pasado desapercibidos, adquirir un conocimiento de causa que te permita opinar con fundamento si al final te gusta o no y porqué, yendo más allá de la simplonería. Me ha parecido algo a imitar. Y, por otra parte, me han enseñando intríngüilis de la producción moderna de la música que desconocía y que me han resultado fascinantes.

Metidos en lo que podría presuntuosamente considerar «mi área», me ha llamado la atención el lenguaje utilizado en las canciones, tan peculiar, con esa mezcla de idiomas, de argots, ese ritmo verbal en el que las palabras se cortan, golpean, percuten. No soy el único al que le ha pasado. A este respecto hay algo obvio, pero que conviene resaltar, porque si no, no se entiende nada: Rosalía es una artista que hace música pop. Y la música pop siempre se dirige, desde su advenimiento como fenómeno juvenil de masas con el rock’n’roll allá en los 50 del siglo pasado, a la generación joven. Rosalía, artista joven, canta y escribe para su generación, no para la mía. Puedo poner carita de señoro e indignarme por el mestizaje verbal o por las construcciones no ortodoxas, o por lo explícito de las letras, o porque «no se entiende nada»,  pero es que Rosalía está utilizando unos códigos (verbales, musicales, visuales) que no me tienen a mí por destinatario, y que yo no manejo. Puedo tratar de acercarme a ellos, tratar de entender, tratar -si descubro un efecto o un mecanismo interesante- de aprender, o  puedo subirme al «vaya mierda» o «cómo mola», tan enriquecedor.

Jaime hace referencia a la percusividad del lenguaje de Rosalía, en concreto menciona estos dos versos de Saoko:  «make up de drag queen / yo me transformo» como ejemplo.  Vaya, aparte del efecto percusivo tan evidente, a ver quien puede decir más en dos versos  de cinco  sílabas. Ahí dejo el reto. Este spanglish que opera en muchas de las canciones, mezclado con referencias a la cultura pop japonesa tan influyente a nivel global, el tono «latino» de la mayor parte de las canciones también es llamativo y parece ser que ha sido objeto de cierta polémica. A mí, simplemente, me parece lógico que una artista viva se acerque a una de las grandes centrifugadoras de ritmos, sonidos y lenguajes del mundo, que es lo que llamaríamos, por simplificar, ese mundo «latino» que va de Colombia y Venezuela hasta la inmigración «hispana» en los EEUU., pasando por el Caribe. De ese vivísimo y muy joven espacio no sólo salen músicos, sino también poetas tremendamente rompedoras a las que habría que prestar mucha atención, si de poesía moderna hablamos. Rosalía acá hace lo que deberíamos hacer quienes  nos dedicamos a cualquier actividad de las llamadas «creativas»: investigar, y ponernos retos, atrevernos a transformarnos con o sin make up de drag queen.

Podemos hacer esto, o, por el contrario esto que detecta Santiago García Tirado: «Dar forma a una estética propia, esperar a que dé flores y luego repetir fórmula en múltiples variantes a lo largo del tiempo es el resumen de lo que una mayoría de autores entiende como un proyecto artístico.»  Repetirnos por sistema en nombre de «la propia voz» o abstracciones similares. El arte sin riesgo es decoración. La misma Rosalía lo dice en una de sus canciones: sólo hay riesgo si hay algo que perder. Rosalía podía haber seguido reproduciendo su «modelo de éxito» sin meterse en berenjenales, pero decidió apostar, cambiar su propuesta, ponerse en juego. Eso en sí mismo merece respeto. Siempre comento lo mismo, por ejemplo, sobre JK Rowling: perfectamente podía haber seguido publicado docenas de libros de un Harry Potter de doce años eternos ( a lo Enid Blyton) y ganar mucho dinero sin complicarse la vida, pero decidió apostar, y hacer crecer a sus personajes, enfrentándolos a conflictos cada vez más adultos. Puede discutirse si el resultado es más o menos brillante, pero corrió riesgos. Respeto.

Me he perdido un poco por el camino, todo esto viene a que si les interesa saber como funciona un proceso creativo, o como puede operar un ejercicio de acercamiento crítico a una obra determinada, el vídeo de Altozano & Rosalía es una referencia MUY recomendable, más allá de si les gustan o no las canciones de Motomami. Dejen los prejuicios un ratito afuera, echen un ojo, presten atención. De hecho, este vídeo ha conseguido que escuche eso, atentamente, un disco que al que, con mucha probabilidad, yo no me hubiera acercado por «iniciativa propia» o no le hubiera prestado demasiada atención. Y eso que mi hijo anda con él puesto todo el día 😉 Eso es una, tal vez la más importante, función de la crítica.

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