Ignorantados

Esta es una expresión que utiliza el novelista canario Víctor Ramírez, para hablar de nuestra posición respecto a nuestra propia historia y cultura. Es una situación que Ramírez detecta en quienes vivimos en Canarias, habida cuenta que la presente sociedad isleña no deja de surgir de un hecho y un trauma de conquista y colonización, por muy integrado o escondido que lo tengamos. Pero esta condición, este estado de autoignorancia de nuestras raíces y condicionamientos históricos, no sólo nos pasa a los habitantes de las islas, lo comparten con nosotros nuestros compatriotas peninsulares, ya que la historia del conjunto del país en el siglo XX gira alrededor de un hecho central: la conquista de España por su propio ejército, un ejército en buena parte colonial, y en el que los militares «africanos» (el propio general Franco) tenían un peso predominante (la propia parte vencedora trataba de vincular su «gesta» a la reconquista, como si el territorio bajo control republicano estuviera habitado, no por españoles, sino por algún tipo de «especie invasora»), y el posterior proceso de «colonización» del propio país durante la postguerra. Mi padre recordaba la expediciones de los misioneros a Jaén durante su infancia, porque aquella ciudad había sido «zona roja» más de la cuenta, y se ve que necesitaba ser re-evangelizada.

Si se puede seguir el rastro de trauma del hecho colonial, transcurridos cinco siglos, imagínense algo de lo que aún no ha pasado uno. La ignorancia y los mitos impuestos persisten y reaparecen como zombis amenazantes, por ejemplo en estos mismos tiempos, y, pese a los cuarenta y pico años de democracia, siguen impidiendo el re-conocimiento de autores y autoras que fueron tachados de la historia de la literatura española. Una de las tareas de la cultura activa de un país democrático debería ser, al menos, luchar contra esa ignorancia y despejar las zonas de sombra en las que se vieron enterrados tantos artistas e intelectuales que no conocíamos, porque generaciones de españolas y españoles son (somos) fruto del deliberado proceso de ignorantación que fue la dictadura. Autores como el periodista, Manuel Chaves Morales, cuya obra empezó hace muy poco a rescatarse gracias al empuje de la pequeña editorial Libros del Asteroide, y ahora nos preguntamos como hemos podido desconocerle durante tanto tiempo, o como el imprescindible poeta Antidio Cabal, que acabó radicado en Costa Rica, o la escritora Mercedes Pinto y tantos otros y otras que pueden quedar todavía por descubrir.

Y todo esto viene al caso de un nuevo rescate: la obra poética de de Antonio Otero Seco, poeta extremeño, que también murió lejos de su tierra natal, llevado a cabo por la editorial sevillana Libros de la Herida. En la web de la editorial pueden encontrar una nota biográfica de Otero Seco, cruzada por la guerra, la prisión y el exilio, pero capaz, por otra parte, de reconstruir su vida para acabar siendo un actor cultural relevante en su país de acogida, Francia. Para que se hagan una idea de la categoría de Otero Seco, fue, como recoge esta crónica del diario Público, el poeta que entrevistó por última vez a Lorca.

Pero abre uno el libro, y se encuentra el poema que voy a reproducir, que da una muestra de la altura del poeta Otero Seco, y pienso de inmediato que este poema debería leerse en los institutos a las y los estudiantes, para hablar después de la condición de refugiado, de lo que eran los pasaportes Nansen, de lo que significa dejar tu casa y tu vida atrás, con lo puesto, y recordar que por eso pasaron cientos de miles de españoles, de compatriotas, para tratar de entender y sentirnos más cercanos de los desastres humanos que estamos viendo desde, al menos por ahora, del lado bueno de la barrera. Acá les va.

DEJADME

Desnudo como los hombres de la mar
ANTONIO MACHADO


Yo soy un exiliado sin amor ni camisa,
con los huesos pelados vestidos de horizontes.
Cada día que pasa me labora la tibia
la escultura aborigen del dólar de mañana.

Los cuáqueros me han dado el traje de otro hombre,
sin reparar que tengo un metro ochenta y uno.
Han visto mis papeles, mi pasaporte Nansen
y han decidido al punto: talla número seis.

Y ahora en la entrepierna em rondan dos leones,
sin melena y con sífilis, esperando el momento
de vengar en el pobre lo que el rico ha dejado
-labrador de tinieblas- en sus horas de cine.

¿Qué brazos han guardado estas mangas que ahora
guillotinan mis manos en círculo de burla?
¿Qué venas han corrido debajo de esta tela
que tiene una etiqueta que no leo ni comprendo?

¿En qué alcoba lejana velaron en la silla
los pantalones que ahora se vencen por el culo?
¿Qué sueños lujuriosos de tetas de criada
abrigó este chaleco que no está a mi medida?

Si soy un exiliado sin amor ni camisa
lejano propietario de este símbolo inútil
de vivir en la muerte y morir en la vida,
dejadme que me muera desnudo, como vine,
con mi única camisa, mi camisa de cuero.

Dejádmela y dejadme. Dejadme mi camisa.
Dejádmela que es la única camisa que me queda.

Felicitaciones a Libros de la Herida por este rescate, por esta luz que reduce las sombras, aún tan pesadas, de nuestra historia. Felicitaciones y agradecimiento.

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