Muchas especies para disimular

su olor a podrido, nos deja dicho un verso de un poema Arun Kolatkar, poeta hindú, cuya poesía completa recientemente publicó en español (edición bilingüe, traducción de David Puig) Kriller 71 ediciones. Poesía de la mirada afilada, se podría decir, en un entorno que puede resultarnos tan exótico como cercano en esta especie de barriada universal en la que cada vez vivimos más personas. Uno de los grupos de poemas que cierra el libro se titula “El hombre del año”, en el que el año viejo (algún cercano año viejo anterior a este último que pasará a la historia por tantas cosas) nos deja unoss cuantos mensajes justo un momento antes de su desaparición, atropellado por el año por venir. Y, en uno de los poemas de ese bloque,vme encuentro una descripción del “momento” tan cercana como insoslayable:

No hubo ideas nuevas.
Pero sí muchas viejas servidas bien calientes
con muchas especies para disimular su olor a podrido


No se puede explicar más brevemente lo que hay, lo que vemos, lo que vivimos. Debería, siendo correcto, reproducir el poema entero, pero como muestra de la extraordinaria poesía de Kolatkar, hoy quisiera dejar otro poema, de esos que te dejan boquiabierto, que podemos encontrar en sus Kala Ghoda / Poemas de Bombay, el que cierra el libro: Semáforos.

cincuenta motociclistas fantasmas
todos de negro

escoltas con cascos
sin rostros tras viseras polarizadas

vienen tronando por un extremo de la calle
y se van rugiendo por el otro

quebrando el silencio petrificado de la noche
como un delirio de perforadoras

precedidos por el gemido de una sirena roja
y seguidos por un presidente sin rostro

en un mercedes de un blanco sepulcral
que viene del aeropuerto y va para el centro

provocando al pasar una ola de protestas
de trozos de papel y de hojas secas enfadadas

en las que no reparan los semáforos
que parecen solo tener ojos unos para otros

y que como amantes desdichados
condenados a no coincidir nunca

pero obligados a vivir por siempre y para siempre
a la vista uno del otro

siguen enviándose señales
toda la noche

y arden con la pasión fría de las nubes
separados por una calle vacía.

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