Ziryab

Como a tantas personas a las que se les quedó marcado el calendario escolar en su manera de percibir el paso del tiempo, septiembre es un mes particular, de inicio de curso. Cabría decir que en esta ocasión vamos a arrastrar unas cuantas asignaturas de la temporada anterior: la pandemia, sus efectos económicos y sobre la identidad de lo que llamábamos hasta hace poco, con una miajita de presunción “sociedades avanzadas”, supuestamente libres de los efectos de la demagogia de las enfermedades infecciosas, “cosas de pobres”. A ver si el curso 20-21 es un poco menos oscuro que el 19-20.

Puestos a desear cosas, vamos a arrancar con un deseo con forma de poema de mi Trilogía del temblor. Un deseo con nombre propio: Ziryab.

(Ziryab)

Dicen de Ziryab, Pájaro Negro,
que era capaz de recordar
más de diez mil poemas y canciones
de la tradición persa  y bagdadí
cuando llegó a las costas andaluzas.

Hijo del tiempo de la verborragia
apenas recuerdo un puño de palabras
con las que construir un doler
con que engañar al tiempo
cuando se pega  encostra en mis huesos.

Balbuceos, solo balbuceos
buscando una canción que signifique.

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