Manolo Almeida

Este es el tipo de entradas de mierda que uno quisiera no tener que escribir. Ayer, a través de una red social me llegó la inesperada noticia de la muerte de Manuel M. Almeida. Hacía bastante que no sabía de él, más allá del seguimiento a su animada campaña de presentación de su última novela, El manifiesto Ñ. Precisamente en uno de sus actos, en la librería Canaima, nos encontramos por última vez hace unos meses.

Pensar en Manolo Almeida, músico, poeta, narrador, periodista, fotógrafo, a mí me lleva de cabeza a la época de la eclosión de los blogs. Cuando mantener un blog, ser blogger, te hacía de repente pertenecer a una pequeña tribu de innovadoras e innovadores que estaban revolucionando el mundo de la contenidos en Internet. Tiempos de Beers & Blogs por todas partes, y acá, en la isla, de Blogs & Gofio en el tristemente clausurado “El Herreño”. Pata asada, gofio escaldado con su cebolla roja, cervecitas conversaciones de todos los colores hasta las tantas. Y ahí Manolo Almeida: entusiasta, divertido, siempre aportando, y sin mostrar en ningún momento los galones que podría haber ostentado por su actividad previa y por el peso que adquirió muy pronto su multipremiado blog Mangas Verdes, donde no sólo escribía: se convirtió en un experto en wordpress y en las dinámicas de la comunicación digital. Difícil encontrar a alguien que por edad era un inmigrante en todo ese nuevo mundo, ser tan nativo, tan dispuesto a coger/ surfear las olas del cambio siempre. Yo apenas le conocí en sus otras facetas profesionales, pero tengo la sensación de que Manolo siempre iba así por la vida: sin creerse más que nadie, acogedor, dispuesto a compartir su conocimiento y experiencia, con una tendencia intuitiva hacia la amistad. Yo no dejo de agradecerle que en 2008 actuara como maestro de ceremonias y presentador de mi “Islas en la Red” en el club Prensa Canaria, acto en el que estoy seguro de que había más gente presente esperando a ver qué contaba Manolo, que interesados en mi libro.

Tras el ascenso y caída de los blogs como referentes, absorbidos por la oleada imparable y uniformizadora de las redes sociales, Manolo siguió escribiendo y levantando proyectos como Dragaria, junto a Mayte Martín, donde su competencia como profesional del periodismo se mezclaba con su pasión por la literatura. La cultura canaria, ese ecosistema tan frágil y dado a la depresión va a echar mucho de menos la actitud y el coraje innovador de Manolo Almeida.

Siento muchísimo su pérdida, pero un escritor deja siempre un rastro, una vibración tras de sí, que podemos encontrar en sus libros, fotos y poemas, y seguir compartiendo:

ETER

¿Y qué es la muerte
sino un entregarse inconsciente
a las fuentes de la vida,
un retorno al origen,
un disiparse en los anales
del espacio y el tiempo,
un dejar de ser
para volver a ser
simplemente universo?

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