George Steiner

Nos ha dejado hoy, con unos gloriosos 90 años. Más que la pena, hay que compartir el agradecimiento a una de las mentes más lúcidas del siglo XX, al que dio tiempo de vislumbrar y avisarnos de los riesgos que asoman el ocico en estas primeras décadas del XXI. En su “Gramáticas de la creación”, dejó dicho algo que convertí en emblema personal, hasta integrarlo como una de las piezas de “Cerval”. Aquí va otra vez en memoria de George Steiner, una de sus lecciones que no debemos olvidar quienes vivimos buena parte de nuestra vida desde la escritura:

“La comunicación o, más precisamente, la voluntad de comunicar, las intencionalidades de lo expresivo, ya sean públicas o privadas, son fatalmente imperfectas. Comunicar con soltura, y más si se hace elocuentemente, es falsificar. Los clichés, la hipocresía individual y social, la sospechosa zalamería, infectan al lenguaje como una lepra. El lenguaje ha servido (brillantemente) a los imperativos del genocidio y del servilismo político. Es una reserva que parece inagotable para la apología y la mendicidad, para el embellecimiento ficticio y amnésico.”

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