A la mar fui por naranjas

Es curioso como se producen a veces las conexiones. Tras escuchar la brillante Gijón, de Pablo un Destruktion, youtube me envía a otro tema del mismo autor, titulado nada menos que “A la mar fui por naranjas” (Por cierto, hay más poesía en un tema de Pablo und Destruktion que en toda la producción de “poesía postadolescente” tan prolijamente publicada por editoriales como Planeta). Pablo recrea unos versos populares que seguramente identificará con una copla asturiana… pero, ah, resulta que en 1959, Pedro García Cabrera escribía desde Canarias una de sus obras cumbres: “La esperanza me mantiene”, que se abre con esta copla, que arranca con los dos mismos versos que la que recoge P Und D, pero que en los dos siguientes sube al nivel que hace que el caudal del poeta se ponga en marcha:

A la mar fui por naranjas

cosa que la mar no tiene.

Metí la mano en el agua:

la esperanza me mantiene”

Así viajan los versos, sin frontera que les limite, siquiera tan material como un océano…Y ya metidos, resulta inevitable ir al estante a recuperar uno de los grandes poemas que García Cabrera dejó para siempre en La esperanza me mantiene, aquí les dejo A LA MAR FUI POR MI SUEÑO:

A Albe y María José, en Bruselas.

Esta noche he soñado con la mar.
Ningún silencio puntiagudo,
ni la más leve arista de angustia,
ni las nieblas del fondo perdido en la memoria
me quedaron en pie.
Todo estaba en una caracola de rumores,
confundido en la sal como al principio,
antes de que tuviese el agua
la primera ilusión de eternidad,
antes de que germinasen las algas una sonrisa.
Sólo tenía conciencia de que iba a nacer de nuevo
para estrechar la mano a los volcanes
a la luz que se hiere en pestañas de ausencia,
a los barcos que no encuentran los puertos,
a los hombres que añoran su libertad perdida,
a las penas que salieran a recibirme por los caminos.
Pero penas felices como granos de menta,
penas con labios de mujer,
penas tan naturales como el ponerse la camisa,
penas de hombres sin miedo,
que ignoran el ataque y la defensa
como la olas de desnudo torso,
como la hierba que medita y rumia,
como los que duermen en el mismo lecho
juntando los dedos y flores del descanso,
uniendo los cabellos derramados
en su mutua confianza de almohada,
amigos en el grito que taladra la noche
y en el calor de una copa de vino,
en la lágrima que deforma el colibrí de los contornos
y en la barca que rema su ternura de pueblo.

Soñaba con un mundo sin traiciones,
que no me tase el precio de mi hambre
ni me racione afectos ni palabras,
que no me despilfarre en latidos inútiles,
que no insulte los campos con trincheras
ni nos recuerde que manamos sangre.
En medio de mi sueño,
toda la sal del mar la sentía en mí mismo
cantando como un pájaro.
Si ahora os lo cuento al levantarme
es para que suceda y se haga carne un día
por montañas y valles y ciudades
aquí y en los planetas adonde el hombre llegue.

Con la mano en la mar así lo espero.

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