Buena /mala poesía

El poeta y crítico Vicente Luis Mora, ha abierto un interesante melón en una entrada de su blog que ha tenido mucha difusión entre al menos parte del “mundillo poético” español: “El conflicto producido por la llegada de la poesía pop tardoadolescente (PPT)”, en que plantea, entre otro montón de interesantes propuestas para el debate, la necesidad de una crítica capaz de distinguir entre buena y mala poesía, delineación que fue soslayada por el gremio durante años, para “no hacernos daño”, nos comenta Vicente Luis, y que ahora, con la “invasión tardoadolescente” de los precarios predios poéticos, se reclama de urgencia algún tipo de delimitación ante la “llegada de los bárbaros”. Hay quien ha reaccionado ante la producción PPT clamando que “eso no es poesía”. Mora coincide conmigo en que sí que es poesía, sí, pero mala, y, como dice aquel “hay que decirlo más”. Esta reivindicación del rol crítico ha generado, a su vez, reacciones, achacando una especie de “actitud policial” que Mora es el primero en descartar, aunque toda labor crítica acaba siendo de alguna manera prescriptora. Y esto me ha llevado a recordar a José Martí cuando dejó dicho “Crítica es el ejercicio del criterio”, y ya en esas, sí creo que quien ejerce la lectura crítica de poesía debe dejar establecidos cuales son las bases de su criterio que en mayor o menor medida le permite distinguir qué es -para él o ella- poesía buena o mala. Siempre desde la humildad de saber que gustos y criterios hay como colores, para todos los gustos, pero desde la honradez de no ajustar sus s/elecciones en función de la mayor o menor (o inexistente) cercanía amistosa o conveniente con el autor de los poemas o su sello editorial.

Y para hacer aquello de “el movimiento se demuestra andando” aquí dejo un par de notas sobre cuales son las bases de mi criterio cuando valoro un poema. Mi criterio, nada más, sin voluntad de imponer una línea estética como la correcta o la buena, pero que pueden servir a alguien para entender qué considero buena poesía (y, por omisión mala). Puede encontrarse mayormente en esta poética provisional que ya tiene unos años. Muy en resumen:

  • poesía = expresividad concentrada. Esto debería significar que a mayor concentración expresiva más poesía obtenida por recurso empleado. Esta formulación sería aplicable no sólo a la escritura poética sino a otras artes, como la música, la pintura, la fotografía, etc… a un sentido amplio de lo poético, en definitiva.
  • El/la poeta debe conocer sus herramientas. La poesía trasciende las herramientas poéticas, pero estas son necesarias si queremos acceder a “una palabra zafada de la torpeza de los significados o negada a la simplificación de los eslóganes que vinieron a sustituir a las consignas, una palabra -en fin- empeñada en desplegar todos los sentidos posibles que, a partir de ella se generen”, que nos dijo Jorge Rodríguez Padrón.
  • Cabría una fórmula derivada de lo anterior, al menos como propuesta: cuantos más sentidos, cuanta más capacidad de sugerencia en menos espacio (recursos) más poesía. Nos recuerda sugerentemente David Eloy Rodríguez: Un discurso pobre es aquel que se agota en la codificación y que, por ello, deja muy poco margen para la lectura. En un texto pobre, nada nos sorprende o inquieta, sus encadenamientos de significantes son siempre los más obvios (…) Si no tensamos o escuchamos la vibración poderosa del lenguaje ¿en qué nos distinguimos del que junta letras en nombre del poder?“.
  • Del lenguaje poético debe expulsarse “el lenguaje nebuloso de las clases fraudulentas“ (Pound). Si poesía es expresividad concentrada, es todo lo contrario, radicalmente opuesta a ese lenguaje tan al uso en ciertos terrenos (el político, el administrativo, el de los negocios, etc) .
  • Y no olvidad NUNCA: La comunicación o, más precisamente, la voluntad de comunicar, las intencionalidades de lo expresivo, ya sean públicas o privadas, son fatalmente imperfectas. Comunicar con soltura, y más si se hace elocuentemente, es falsificar. Los clichés, la hipocresía individual y social, la sospechosa zalamería, infectan al lenguaje como una lepra. El lenguaje ha servido (brillantemente) a los imperativos del genocidio y del servilismo político. Es una reserva que parece inagotable para la apología y la mendicidad, para el embellecimiento ficticio y amnésico.” Lo dejó dicho George Steiner.

Y estas son básicamente mis varas de medir, o mejor, de zahorí, que me ayudan a encontrar la buena poesía entre todo lo que me encuentro o que me llega. Ya saben. Y trato de aplicarlo a todo lo que leo con actitud crítica, venga de un autor tardoadolescente, o de uno o una que no recuerda ya ni qué era eso de la adolescencia.

Si alguien quiere saber todo lo que he comentado sobre la PPT (por seguir con la terminología de Rodríguez Gaona) acá lo tienen, tal vez he tratado este tema más de la cuenta. Lo cierto es que si bien su interés poético es nulo, interés sociológico sí que tiene:

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