Ruido 5: Anúnciese en estas estrofas.

Ya he hablado en alguna otra ocasión sobre la revista de literatura, poesía y otras artes VALLEJO & COMPANY, de lo más vivo e interesante que puede encontrarse en la Red en castellano. Ahí me encuentro este provocador texto: Poesía y “Product placement (Un proyecto de lírica esponsorizada), de Ángel Cerviño, que apunta hacia la base de toda la tontería universalizada alrededor de la poesía: su banalización. Esa banalización tiene, desde mi punto de vista, diferentes padres y madres: quienes convierten la poesía ( o algo así) en un producto comercializable a través de campañas en redes sociales, o como merchandasing vinculado a alguna marca personal, y quienes en una aproximación naif de la idea de “acercar la poesía a la calle”, decoran con versos pasos de peatones. Tal vez se nos ha ido muy mucho la mano. Hemos pasado de la sacralización de la poesía, vivida como una especie de alternativa a la religión por los superrealistas, a la poesía como elemento decorativo, adecuado para cualquier ocasión: bodas, bautizos, comuniones, intervenciones parlamentarias, anuncios de colonia.

Cerviño desarrolla las consecuencias de esa dinámica hasta sus extremos, planteando la integración del “product placement” en los propios poemas del mismo modo que sucede en algunas películas, o en la ficción televisiva. Ya saben, cuando la cámara nos enfoca la caja de cereales que desayunan los protas de la serie juvenil, o la marca del calzado que gasta el bueno, o el logo de ese ordenador portátil que utiliza el bravo policía en su investigación. Nos dice:

Creo, sin embargo, que en nada se desmerecería un poemario que incluyera entre sus versos alguna mención explícita a la marca de café que despierta el estro del rapsoda, o la del cuadernillo negro en que pernoctan sus temblorosas anotaciones, la del ordenador en que teclea sus cuitas, o la de la cajetilla de tabaco que nunca se aleja del teclado de la poeta, o la etiqueta del whisky que liba el ser amado…, las posibilidades son inagotables y llegarán hasta donde alcance la imaginación de nuestros vates, que sabrán ajustar este recurso económico a las querencias estilísticas y los procedimientos retórico que mejor se adapten a sus modos de trabajo.

Así, añado yo, podríamos introducir un mecanismo de monetización (un neologismo que se encuentra en el centro de los servicios de internet “gratuitos de entrada”) que haría más confortable la azarosa y precaria vida del/la poeta. Si la poesía es mera decoración, una “estrategia comunicativa” ¿porqué no? Ah, ¿que debería ser otra cosa? Hablemos.

Y todo eso me trajo a la cabeza un poema del gran cubano Severo Sarduy.

Severo Sarduy, en 1991, dio una fabulosa conferencia en Santa Cruz de Tenerife, presentada por Ernest Lluch, una de esas personas sensatas que no podemos dejar de echar de menos, bajo el título POESÍA BAJO PROGRAMA, de la que ya he rescatado en otra ocasión algún poema. En esa conferencia Sarduy hablaba de lo bueno que era para el/la poeta marcarse retos, arriesgar, tratar de ajustarse a unas reglas del juego formales o temáticas que le permitan extraer la palabra distinta… Bien, en la conferencia cuenta cómo decidio tratar de crear una alternativa en español al famoso soneto en x de Mallarmé. Les dejo con él:

Este es una locura; me dije: voy a hacer un soneto en que todo termine en X. Es casi imposible. Hay uno, por supuesto, un antecedente: uno de Mallarmé, que tradujo Octavio Paz. Yo traté de hacer un soneto que termine nada más que en X. Es muy difícil, de modo que recurro a una terminología muy contemporánea. Es una sátira de un pintor que abandona el óleo para usar Liquitex, que es un acrílico.

.
El óleo abandonó por Liquitex,
Lacán y Lévi-Strauss por Astérix;
vendió un Max Ernst y compró un Otto Dix;
el amor renegó por “sea-sun-sex”.
.
Botó el “Heno de Pravia” y usó Ajax;
dejó la Leica por la Rollyflex.
No se arriesgaba sino con Durex
y en ciudades remotas -Aix o Dax.
.
Su alimento era el whisky. Y el Viandox.
Se burló de Pierre Daix y de Pierre Dux
y sobre el sexo se tatuó “DE LUX”.
.
Hoy su furbizzia en Wall Street es vox
populi. Y sus arreglos con el tax.
De aquellos tiempos conservó el Mandrax.

Es claro que Sarduy no estaba pensando en un “product placement” poético, sino en el reto de un soneto en X, pero podría tal vez ser un botón de muestra de las posibilidades que plantea Ángel Cerviño. Estemos atentos.

Para terminar un ejemplo legendario del uso del lenguaje publicitario para construir poesía y poesía de choque, el famoso “Beba Coca Cola” del poeta brasileño Decio Pignatari

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