Uno de Octubre

En este próximo fin de semana, en el que muchos de mis conciudadanos van a salir a desfilar por las calles, siguiendo cada quien las consignas de su gobierno favorito (el choque de cuñaos del que habla Guillem Martínez), agitando banderas -por lo demás tan parecidas que son díficiles de distinguir en la distancia, ya que comparten la misma metáfora del oro y la sangre- yo me acojo a lo que dejó dicho el poeta Raul Rivero, procedente de otro país en el que son también costumbre los desfiles ciudadanos a toque de silbato oficial, esperando tan sólo que la sangre siga siendo sólo metafórica:

Alta fidelidad

Se librarán del dolor del gramófono
torturado por la fricción y las agujas.
Vivirán castos, ajenos al pecado
de cantar a capella y con hambre
en simulacros y funciones
que los tiranos se regalan como escudos.

Los hombres quese quedan en casa
tarareando boleros
llegarán a la sabiduría.

Venturosa y serena
será para ellos y sus hijos esta vida.
Ligera la ceniza. Clara la eternidad.

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