Para oxigenar III

Félix muestra su preocupación por las solicitudes de amistad que insistentemente recibe de una persona desconocida en las diferentes redes sociales. Tiene incluso la sensación de que alguien ronda por los alrededores de su casa por la noche. Reconoce que en otros tiempos era más confiado. Decide dejarlo estar, por ahora.

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierta de rocío
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh cuanto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuantas veces el ángel me decía:
“Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuanto amor llamar porfía”!

¡Y cuantas, hermosura soberana,
¨mañana le abriremos”, respondía
para lo mismo responder mañana!

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