Felix Grande: memoria de la poesía

LLevo varias semanas prácticamente sumergido en la lectura de la enorme obra de Félix GrandeMemoria del flamenco“. Es muchas cosas este libro: es una historia, claro, del flamenco; y también una historia de España (qué historia terrible la de España por cierto. Tremenda, cruzada por el hambre y la persecución incluso en sus momentos más aparentemente gloriosos. Da por pensar que con todo lo que queramos debatir, los últimos 30 años han sido los mejores de la historia de este apaleado país; no hacía falta mucho, la verdad. Tal vez, por otra parte, así sea la historia de la mayor parte de las naciones, que se han construido siempre contra algún enemigo exterior aportado por la geografía, y el enemigo interior, el que no encaja en el “ideal nacional” pretendido) y también todo el libro es una poética. Traigo aquí este fragmento concreto en el que habla de algo que nunca debemos olvidar:

Tengo la sensación. al anotar estas perogrulladas, de que pueden abundar quienes me acusen de creer que escribo para lectores párvulos. No es así, desde luego, pero no hay que ignorar tampoco que el desenfreno sociologista (algo a lo que, a menudo, podríamos llamar la buena conciencia de la mala conciencia) llega a veces a tales ínfulas, a tal estado de agresividad, que nos obliga a recordar, una vez más, que la obra de arte, así como no se alcanza con simples trivialidades pseudolíricas, tampoco se consigue con pseudorcportajes políticos. En una obra de arte, incluso y quizá sobre todo en una obra de arte de talante social, la intimidad es tan imprescindible como el testimonio. Diría mas: sin intimidad no hay fuerza comunicativa en ningún testimonio. Sabemos cuánto desgarramiento histórico se puede conteneren una siguiriya que habla de una viejita enferma, una puerta de un calabozo, una cama de un hospital. No ignoramos cómo algunas palabras insertas de modo natural en el contexto de una copla (caena, sangre, calaboso … ) conllevan un sobresalto social, a condición de que esas palabras clave no se nos sirvan masticadas. Al fin y al cabo, el poema se completa en la inteligencia del lector. Cuando unmal aprendiz de poeta supone, consciente o inconscientemente, que la inteligencia del lector no colabora en el poema , pue den aparecer productos definitivamente desdichados, casi difamatorios, con respecto a la cuota de fraternidad que demuestra todo lector por el simple hecho de tomar un libro en sus manos. (…) Entendámonos: no estoy negando el derecho de la rebelión a expresarse en forma de canto: reivindico el derecho de la hondura y de la intimidad a ser interpretados con amplitud y con inteligencia.

Este fin de semana se celebra el IV Festival de las Letras de La Puebla de Cazalla, que se dedica, precisamente, a la figura de Félix Grande. Muchos amigos andarán por allí este fin de semana. Va un abrazo.

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