De la transparencia a la invisibilidad

y si estamos en racha de vuelta a los básicos, inevitable Pedro García Cabrera y, en concreto este poema que abre su obra de 1934, Transparencias fugadas, un poemario breve, de una veintena de poemas sobre el aire en movimiento (tan presente siempre en estas islas, llenas de barrancos, cuevas, cumbres y recovecos). Esta misma brevedad era en sí ya una toma de posición frente a lo que llamó el sistema mosaista de los libros abigarrados. Igual que la renuncia al énfasis de las mayúsculas.

Ahora lo releo y no puedo evitar pensar que lo transparente es, por ello mismo, invisible, y la invisibilidad buscada o sufrida es uno de mis temas recurrentes de ahora mismo. Esto es algo fantástico de la gran poesía: que se pega a tu piel y cambia contigo, se tensa o se arruga, o se llena de nuevas manchitas y siempre significa.

Aquí va el gran Poema 1 de Transparencias fugadas:

el aire entraba en mí sin encontrarme.
en el globo cautivo de mi pecho
me contaba las islas invernadas,
las agudas piteras, los barrancos,
los desmandados mares sin adioses.
y persiguí los pozos de las venas,
las galerías de los instintos,
las puertas de las cámaras vitales.
y se marchó de mí sin encontrarme.
yo me hallaba tan hondo y tan espejo
que era invisible al aire.

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