Eunice Odio

Tras la pista de Eunice Odio (1918-1974) me puso Antonio Jiménez Paz en la presentación de su libro Una temporada en el centro. Imposible no fijarse en una poeta con semejante nombre que, de entrada,  uno imagina pseudónimo, pero no. Nunca había oído hablar de esta poeta de origen costarricense, que también “disfrutó” de las nacionalidades guatemalteca y mexicanas. Una mujer con una vida interesante,  que diría mi amigo David, con fecha incierta tanto de nacimiento como de muerte,  que le llevó  a cruzarse con peculiares personajes y a ser acusada  de ser agente de la CIA.  Aunque se trata de una autora tan viva como para tener su propio (y un tanto ¿fantasmal?) perfil en Facebook , no es fácil encontrar poemas de Eunice Odio en la red. Su poesía, por lo que he podido leer,  es muy de su época,  torrencial con una fuerte influencia de Neruda, y, lo más interesante, con una visión del erotismo femenino muy atrevido y rompedor. Aquí les dejo una muestra, ardiente como fogalera.  Disfrútenlo y no se quemen o déjense arder.

 

POEMA PRIMERO. POSESIÓN EN EL SUEÑO

Ven
Amado

Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche.
Tu cuerpo acabará
donde comience para mí
la hora de tu fertilidad y tu agonía;
y porque somos llenos de congoja
mi amor por ti ha nacido con tu pecho,
es que te amo en principio por tu boca.
Ven
Comeremos en el sitio de mi alma.
Antes que yo se te abrirá mi cuerpo
como mar despeñado y lleno
hasta el crepúsculo de peces.
Porque tú eres bello,
hermano mío,
eterno mío dulcísimo,
Tu cintura en que el día parpadea
llenando con su olor todas las cosas,
Tu decisión de amar,
de súbito,
desembocando inesperado a mi alma,
Tu sexo matinal
en que descansa el borde del mundo
y se dilata.
Ven
Te probaré con alegría.
Manojo de lámparas será a mis pies tu voz.
Hablaremos de tu cuerpo
con alegría purísima,
como niños desvelados a cuyo salto
fué descubierto apenas, otro niño,
y desnudado su incipiente arribo,
y conocido en su futura edad, total, sin diámetro,
en su corriente genital más próxima,
sin cauce, en apretada soledad.

Ven
Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche,
y anudarán aromas caídos nuestras bocas.

Te poblaré de alondras y semanas
eternamente oscuras y desnudas.

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