Precario spirituals

Otro de los ratitos buenos de la pasada semana andaluza fue poder pasar una tarde de conversación con David Franco Monthiel en La Clandestina, hablando de unas cosas y otras y también de poesía.

David Franco Monthiel, para mí, es un de los poetas críticos más afilados, interesantes y divertidos (sí, un poema puede ser divertido y amargo a la vez, y cumplir su cometido como poema estupendamente) que ofrece el panorama español. Donde otros se ahogan en indignación, David corta como una navaja y, tal vez debido a su bagaje laboral, su toma de partido no sustituye una clara percepción de la realidad.  Yo lo descubrí con su ya vieja pero cada vez más vigente Oda al sellado de 9 a 11, y después con su Renta básica del olvido, sus aforismos, las cenizas de Salvochea y un libro lleno de narraciones deliciosas y agudas: Yuri Gagarin que estás en los cielos. Ahora acaba de publicar con Germanía su Libro de la servidumbre, donde ahonda en esa visión afilada e irónica, tal vez porque, como dice en uno de sus poemas de este libro, tal vez el más corto “entender / es una fractura.” La mirada de David Franco Monthiel es de las imprescindibles.

Aquí está, de su Libro de la servidumbre su PRECARIO SPIRITUALS

PRECARIO SPIRITUALS
(Canción de trabajo con coro de asalariados)

Oh, señor, contempla estos ajados lirios
(Oh, señor, contémplanos)
que hilan, trabajan y van mal vestidos.
Oh, señor, otorga el descanso que prometió tu profeta.
(Oh, señor, en una sala de empleados decente).
Oh, señor, que las viandas que compartimos
sean de tu agrado y deleite.
(Oh, señor, almorzar en la calle nos arruina).
Oh, señor, acrecienta esta paga sin pegas
y danos las horas extras de hoy en nóminas de mañana.
Oh, señor, concede a mis hermanos y hermanas
(Oh, señor, a los compañeros)
el don de la palabra para formar sindicato.
(Oh, señor, no escuches a los fariseos).
Oh, señor, tú que hacías a tus propios sepultureros
(Oh, señor, a tus precarios sepultureros)
no se haga tu voluntad
y aun descubras bajo el yugo
una tenue tempestad, un leve diluvio.
(Oh, señor, aunque estos charcos
nunca se hagan espuma de un mar tempestuoso).

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