Desde el Mapa de la frontera

Lázaro Santana es uno de los poetas canarios de mayor recorrido y constancia en la construcción de una escritura propia, que, en su caso, trata de ausentar todo lo que puede de retórica o melodía fácil. Suenan a veces secos los poemas de Santana, ofrece pocas concesiones a quienes buscan una lectura o una escucha hecha al soniquete. En Mapa de la Frontera se nos ofrece una conversación imaginada, mientras se deshace el verano, entre dos poetas fronterizos, el propio Santana, y un poeta “descubierto” en una biblioteca de Venecia. Toda conversación es, de algún modo un espejo: quien nos habla y nos escucha nos ayuda a vernos y a ver. No es la primera vez que Lázaro utiliza este juego de espejos para, tal vez, obtener la distancia necesaria para pensar y escribir sobre la realidad insular, tan pegajosa muchas veces, porque, si bien contrario a cualquier etiquetaje meramente geográfico de su poesía, si hay un poeta isleño que se enfrenta a los posibles condicionamientos mentales y territoriales, es el propio Santana, y esa tensión, esa dureza, lo vuelve, precisamente, más canario que la gran mayoría de hacedores de gorgoritos que viven con la palabra isla en la punta del boli (o del teclado ¿tienen punta los teclados?).

Dejo aquí sólo dos poemas de este Mapa de frontera, no sé si los mejores, pero desde luego, de los que te obligan a detenerte, releer, repensar:

16

Los días últimos de agosto,
como la tela nueva remojada,
empiezan a encoger. Diríase
que tan lavados por la luz
.
del verano, ellos también se resienten
en sus moléculas, y adquieren
una extensión en consonancia
con la del ánimo del hombre
.
que se ha bañado en el mar. Hartos
del exceso de luz y de aguas, todo
.
-hombre, naturaleza, oficio-
adopta el tono gris de lo invisible
y acepta que esa sea la estatura
propia de la supervivencia.

XX

El despertar de una nación,
el adormecimiento de las patrias,
¿sabes a qué conduce todo eso?
a cultivar naranjas en el sur
.
y en el norte castañas y a su tiempo
hacer un intercambio comercial,
dejar que el aire nos circule, y el río
que no divida. Un puente ¿sabes?
.
necesitamos muchos puentes,
voluntad de ingenieros de la piedra
.
y la argamasa para mantener
la fábrica segura y en función.
Y no escuchar discursos de sirena
que induzcan a encallar en una isla.

 

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