Precisa precisión

Si el lenguaje no es exacto, lo que se dice no es lo que se piensa; si lo que se dice no es lo que se piensa, las obras no llegan a existir; si no llegan a existir las obras, no prosperan la moral ni el arte; si la moral y el arte no prosperan, no acierta la justicia; si la justicia no acierta, el pueblo no saben donde poner su mano y su pie. Así pues, no se tolere arbitrariedad alguna en las palabras. Esto es todo lo que interesa.

Este pensamiento de Confucio, que explica tantos de nuestros males actuales (ese lenguaje propietario y tramposo que oculta genocidios bajo circunloquios, tan propio de los expertos en lo inane que nos asfixia en su verborrea incensate), recogido por un discípulo suyo, según nos cuenta Nicanor Vélez que contaba Hilda R. May, lo retenía Gonzalo Rojas en su memoria desde los veinte años, y lo asumía casi como una declaración de principios. Queda aquí, a ver si nos los aprendemos y recordamos (guardado en el corazón, ajustándonos a su etimología). Y queda también este poema de don Gonzalo:

REMANDO EN EL RITMO

Cada lágrima derramada con pasión es un grano de arena robado al desierto del vacío:
Cada beso es una llama para el resplandor de los muertos.

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