Sillas

Me ha tocado ver estos agitados días desde la perspectiva del malito, esto es, de quien anda más preocupado porque le duele aquí o acá que por los avatares del mundo…(Cuando te duele algo le pueden ir dando al mundo, llámenlo egoismo terapeutico)  Extraña perspectiva tal vez, así que me he limitado a observar con atención, y tratar de entender, esto último con relativo éxito.

Y mirar desde esta posición me ha permitido ver que mientras hay quien confunde un arrebato de agitación en un país por demás más tranquilo de la cuenta con los primeros temblores revolucionarios, difusos y, por tanto hermosos (Porque cuando las revoluciones se concretan empiezan a contabilizar muertos y eso no mola nada)… la vida sigue y suceden cosas, no sé si más relevantes a largo plazo, o no.

Por ejemplo la muy reciente reedición de SILLAS uno de los poemarios más curiosos de José María Millares y hasta hace poquito inconseguible. SILLAS es un poemario sobre sillas, lo cual, dicho así es, seguramente, una chorrada, pero las sillas las habitan, las construyen, las amoldan, las calientan… los seres humanos. Difícil encontrar un mueble más vinculado a nosotros que la silla, alguno que nos conozca mejor.

Tengo un recuerdo especial de esta obra porque en el colegio de mi hijo a alguna maestra luminosa se le ocurrió poner a los niños a jugar y a dibujar las sillas de Millares. La presentación de los resultados fue uno de los últimos actos en los que el poeta pudo participar, y por lo que me contaron se lo pasó en grande…

Pues están de nuevo a nuestro alcance las SILLAS de José María Millares, aprovechen y tomen asiento, cojan resuello y perspectiva:

Silla de cocina
.
TÍMIDA, delgadísima
la piel que amada roza sus caderas,
entristecida y pobre, en la cocina,
soporta resignada las curvas culinarias
de una gorda y ruidosa
nalguda cocinera.

.
Silla de local
.

CIENTOS de sillas, miles
de blancas, angustiosas sillas, sillas
esperando que suene, que griten altavoces:
¡Liberad de las rejas
la razón!.
.
Silla de Juez
.
SUBIDA está en lo alto del estrado,
ridículo un birrete la testa le corona,
al inculpado mira, de oscuridad lo envuelve,
se acoge al vil artículo que sabe
que inexorablemente de antemano condena
al reo, que no sabe, porque ignora los años,
cuántos de vida y sombra tras las rejas
(qué injusticia), por ley
aún le esperan.
.
Silla de sala de espera
.
ESPERA,desespera, la llenan de revistas,
de nupciales enredos, de ilustrísimas trampas,
sucias habladurías, de alcobas y de oscuros personajes,
de cuernos y de abortos, cuando surge
la voz liberadora:
¡La siguiente que pase!

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