Aguaceros

A través dela amigo Javier Gil, me llegó a las manos un cuadernito de poemas en prosa con el sugerente título de Música desconocida par viajes, del poeta argentino Cristian Aliaga. Pequeñito cuaderno, les dije, pero a veces, en esos envases pequeños  descubres el veneno de un poema que te engancha.  Aquí les dejo una muestra, para que olfateen la tierra mojada que será.

 

AGUACEROS

 

Escribir lluvia de una manera tal que nadie dude de las gotas que caen sobre su corazón. LLuvia, como un trazo japonés o el gesto ínfimo de quien sabe amar o suicidarse sin maltratar su estética. Esta mujer quiere sentir el agua que no cae, no caerá jamás, sobre el desierto de Atacama. Sentada bajo un toldo de bolsas blancas, ella interrumpe la ruta interminable que atraviesa este largo desierto. Habla de la lluvia que ha de llegar, rodeada de quesos amarillos y un cabrito que ha matado por la mañana. El sol quiebra cualquier cabeza salvo la suya. Tiene un repertorio de lloviznas, de tenues gotas sobre las paredes de nylon, de invisibles cortinas de agua, de temporales arrachados de otra época, de vapores que se elevan desde la tierra seca. esta mujer no miente, ni sueña: lleva aguaceros en la cabeza.

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