Aunque

Ernesto Suárez dedicó este poema en su día a Aminatu Haidar, pero creo que su sentido trasciende en estos momentos a la dedicatoria personal:

aunque
la palabra inunda se extiende como marea desmedida
hasta que nada sabe de su primer fuego
salvo un rumor
apagándose palabra
pagada de si misma redicha
que olvida fue
felicidad o don palabra sin
medida del daño que se repitió sin cese
palabra acumulada
como se acumula el grano
se acapara se vende
cara insaciable sin rostro
palabra sin historia sin idioma sin lugar
lo que zumba es la cháchara el
despiste palabra
que se recubre de buenas maneras
y de malas maneras se
adorna almidona adueña
alzada aun a golpes y siempre
a golpes
palabra secuestrada por la palabra
perdido su peso la lengua
abandonada
cuando se ha dejado de mirar
hacia el desierto

y, mientras, en los territorios ocupados

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