Madera de un sólo árbol

Acabo de recibir (Gracias Antonio) el Madera de un sólo árbol, de Antonio Orihuela. Bien, voy a contarles algo sobre mi “metodología” (juas!) a la hora de leer un libro de poemas… Tengo la costumbre de leer los libros de poemas como si fueran una novela: empezando por el primero y acabando por el último. Por eso tal vez me gusten tanto los poemarios que tienen así sea un sutil hilo argumental. Bien, voy leyendo y, cuando algún poema me llama la atención, me obliga a detenerme, doblo la página por la esquina, para volver sobre él más tarde…Esa fea costumbre (la de doblar la esquina de la página) ha hecho que el hermoso librito (librito por tamaño, ojo, no por contenido) esté ya hecho unos zorros (Perdona, Antonio)… pero es que “Madera…” me parece el mejor poemario de Orihuela desde Tú quien eres tú.

Madera de un sólo arbol se susbtitula “Cuaderno de Nepal” y es un, a modo de álbum de fotos de un viaje del poeta. Y digo lo de las fotos (y no notas o algo así) porque aquí Orihuela no explica, no se extiende ni da su opinión -sí que la da, como no en Antonio- pero de una manera muy inteligente: con la mirada. Ve y cuenta/canta lo que ve… y algunas veces se deja arrastrar por un rumor que conecta aquellas montañas orientales, con la costa más atlántica de Europa, un rumor o una memoria olvidada de una raíz común.  Todavía no me lo he terminado, y ya he tenido que venir aquí a compartir un par de poemas de “Madera de un sólo árbol”, de muestra y animación a la lectura.

VI

Sí, suavemente desciendes,
igual que dan la bienvenida
los hijos de Katmandú,
la ciudad que creció
de un sólo árbol.
.
claro que,
¿quién si no
creció de un solo árbol?
.
Lumbini,
Uyuk,
Ur,
Lagash,
Urnamu,
Micenas,
Cnossos,
Tiro…
.
de un solo árbol
todas las espumas
que rompen en Cádiz.

X

Mundo al revés,
canta un molinillo tibetano.

XII

Cuánto color para todo lo vivo:
.
arrimado racimo de caricias,
risas de niño,
puestos de naranjas…
.
diminuto limón de la noche
extiéndete luego…
.
aún no está lista la cosecha,
aún quedan en los paños manojos de enebro,
alcancías sin dueño
sobre los regazos embozados
del hambre.

—-

LVII

El incendio se llevó el pueblo,
pero dejó intactas
las banderas comunistas
y el templo de Chandesvari,
.
preciosa dialéctica
en Banepa,
.
mientras se resuelve,
bailan los mendigos
por sus extremos.

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