La poesía del país de la lluvia

La revista Arquitrabe dedica su último número a la poesía japonesa actual, a mostrar que hay vida más allá del haiku,recogiendo poemas de diez poetas contemporáneos. A la selección de autores y poemas antecede una introducción de Tetsuo Nakagami, que trata, en unas breves páginas, de acercarnos a la evolución de la poesía japonesa. Con este tipo de selecciones no sabe uno nunca, no tengo criterio alguno para decir si los poetas seleccionados son o no representativos de la poesía nipona actual, así que me limito a anunciarles que hay unos cuantos buenos poemas aquí. Especialmente me han gustado dos, que reproduzco a continuación animándoles a sumergirse en Arquitrabe y a tenerla en la lista de publicaciones online a tener en cuenta.

El universo lechuga
.

En la penumbra del sueño
se vislumbra el cielo color yerba.
Los objetos interplanetarios con color verde claro
forman torbellinos vehementes,
y luego se inclinan como soñando
para coagularse en estrellas parpadeantes
que llenan el cielo.
Ese es el universo lechuga en estado primordial…
.

En esas estrellas
todavía no se han instalado las mesas de los humanos,
ni se han sembrado las semillas del apetito…
Las lechugas, que todavía no toman formas vegetales,
se arraigan con elementos químicos
en el terreno de las plantas oscuras
como permeándolas
.

(Sin embargo, ya en ese instante,
revolotea una polilla en la bóveda celeste,
intentando poner nebulosas de huevos
sobre una hoja medio enrollada con ternura…)
.
¿Desde cuándo sería?
Una oruga azul
mastica con chasquidos rítmicos
el interior de la lechuga,
llenando el intestino verde claro
de la penumbra cósmica
sin cesar.
.
Ruriko Mizuno

Conejo
.
Tú sé zorro y devórame. Encuéntrame al brincar en la nieve, persígueme con los ojos ensangrentados. Huyo. Para ser perseguido por ti. A veces vuelvo la cabeza y brinco al reconocerte. Brinco. Me late el corazón. Levanto mis orejas. Me alegro. Me ansías. Me persigues tan fervorosamente. Escucho tus pasos, tu latido y tus rugidos. Escucho con mis orejas aumentar tu temperatura, crecer tu apetito y salpicar tu sudor. Tú nunca renuncies. Aunque se te pelen las patas y tropieces con un tocón, levántate para perseguirme. Imagina lo deliciosa que es mi carne. Imagina el sabor del botín que consigues después de tres días de hambre. Mi carne es sumamente exquisita. Un monte de invierno. Todo está cubierto de nieve. Nos encontramos absolutamente solos. Huyo. Tú persígueme. Seguramente me capturarás. Llorando río, lloro riendo, y dentro de poco me alcanzas. Te lanzas contra mí. Tus brazos tibios. Tus palpitaciones violentas. Tu sudor rebosando. Tu aliento me toca
las orejas. Esperaba este momento, siempre, desde hace mil años. Tú muérdeme el cuello con todas tus fuerzas. Ése es mi punto débil. Mi pelo blanco flota en el aire. Mi sangre roja se derrama, para manchar la nieve. Siento el cielo cerca. Mis dos pupilas reflejan el arcoíris, y expiro con una sonrisa irónica. Esperaba este momento. Siempre.
.
Toshiko Hirata

2 comentarios sobre “La poesía del país de la lluvia

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