Dice don Jose María

Ayer me vine a hacer con el Cuadernos 2000-2009 de José María Millares Sall, que recoge la última obra poética de este autor imprescindible del que hemos hablado aquí en alguna otra ocasión , y cuya presencia física perdimos justo el año pasado (sospecho que su presencia poética acaba justito de empezar).

Estoy seguro de que no puede ser correcto ponerse a hablar sobre un libro cuando apenas acabo de terminar su prólogo, un breve pero intenso texto donde Millares nos habla de la génesis estos últimos cuadernos, y de su actitud ante la poesía, de una vitalidad rabiosa a los 88 años cumplidos. Pero no puedo evitar compartir con ustedes algunos fragmentos de esta introducción, tan emocionante como inspiradora. Así que les dejo con Don José María Millares. Sobre sus cuadernos seguro que hablamos más adelante, aunque difícil será encontrar algo que añadir…

Una escritura que se va haciendo y va tomando cuerpo, a medida que la luz se expande: signos que se derraman sobre la mesa de la escritura. En el aire flota una nube, líquidas burbujas, palabras que estallan e invaden la soledad del vacío. La palabra nace y se teje en la urdimbre de la telaraña del idioma. Lenguaje sólo del sonido. Sugerencia viva donde nace el envoltorio de un dolor que sin sentido se adueña del interior que habita. El sonido no explica, acude a nosotros a través de los sentidos, poros de partículas sensoriales. Sólo habla sugestivamente de aquello que lo envuelve. Nos encontramos ante la respiración de la palabra. (…)

El poeta ama la oscuridad y acude a ella como el niño a su rincón favorito, no a la oscuridad física que escucha el rodar de los ojos, que busca queriendo alcanzar la altura de otros ojos, la corteza con que viste el árbol; penetrar en los verdes edificios donde se construyen sus bosques. (…)

Particularmente, el ser que me habita, que sufro como hombre y como niño, es un ser extraño, solitario, amante de la luz y su sonido, de la palabra y su sonido, del amor y su sonido: un sonido que ama el sonido de los sonidos, un vuelo que sólo escucha cómo vuelan los sonidos; y la poesía, la que escribo, no es otra cosa que un sonido dentro de otro sonido… En fin, que gracias a mi avanzada edad, me he convertido en un terrorista del pragmatismo y, por qué no decirlo, en un ser libre que ama eso que tan difícil nos lo pusieron durante tantos años y que, por fin, ya podemos decirlo, se llama dignidad

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