Para nombrar una ciudad

Quienes sean habituales de esta página interminable saben que no sigo mucho el trajín de premios poéticos, ni para bien ni para mal… pero en todo hay excepciones, porque cuando un amigo gana un premio importante hay que alegrarse, qué demonios.

De David Eloy Rodríguez ya he hablado aquí en otras ocasiones (algunas perdidas en el ciberdesastre de enero, como cuando hablé de su ASOMBROS, bueno, otra razón para volver sobre un poemario que contien piezas extraordinarias), así que lo que más me alegra de su éxito es saber que dentro de poco habrá otro libro de David Eloy en el que detenerse, en el que pensar, del que disfrutar y del que hablar. Aquí va un adelanto del premado “Para nombrar una ciudad” para ir haciendo boca (gentileza del cambio de agujas de Don Miguel Angel, abrazos compadre):

Seis aproximaciones para nombrar una ciudad
I

Nombrar: atrapar un animal que no existe.

II

Qué es vivir, esa sigue siendo la pregunta, qué es vivir, qué ciudad fundar dentro de cada piel y en las calles y en las casas, volver o no milagro el mundo, ser o no ser pasto del olvido, carroña de los buitres de la muerte.
Cada uno muestra sus documentos de dolor, las astillas que le tocan en los huesos.

Ciudad de gente sola que aprende a vivir sin aventura.
Ciudad que respira bajo el alud violento de la falsificación.

III

¿Qué se siente en la tormenta cuando uno es el sitio en donde va a caer el rayo?

Gente en el polvo. Braceros en la tempestad.
Gente a cielo herido. Acampados en mitad de la vía.

Viven en avenidas desolladas, viven en cantinas sobre la cuerda floja, viven en la mandíbula desencajada de la ciudad.

Ellos esperan los añicos del amanecer pero no esperan nada.
Ellos esperan que todo estalle pero no esperan nada.

Un puño feroz les golpea cada día.

Yo sé a quiénes pertenecen las manos que golpean. Yo sé, y usted sabe, quiénes empuñan su muerte lenta, quiénes vierten las paladas de tierra que cubrirán sus ataúdes.
Yo sé quiénes les entregan cada día.

No hay crónicas de su desalojo.

Pero yo sé. Usted sabe.

IV

La noche sigue color de rubí, barrio de demonios y esplendores.
Hay pruebas: lugares sin techo, habitaciones, azoteas, alamedas del deseo. Hay pruebas: antídotos, insinuaciones, enfermerías. Hay pruebas: un amor, un lápiz, un cuerpo en el espejo.
Corren tiempos de redada.
Pero también de almacenes, alivios, goces, reuniones sagradas y secretas.

V

Como nos deslumbran los besos desconocidos de una boca bien conocida, así nos asalta de repente una ciudad nueva, espigas de tiempo encendido, el lugar exacto en el que ser.

VI

Hay una ciudad sin mapa, fugitiva e inasible, cierta: la compuesta de deriva e intemperie, la que cada uno escribe en su tiempo, la que se bautiza con el corazón y ya jamás pierde su nombre.

6 comentarios sobre “Para nombrar una ciudad

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  1. charlamos el miércoles en “sopa de poetes” con el amigo David Eloy, y todavía me queda el buen sabor de verso en la boca tras la entrevista. Grande David Eloy!

    Felicidades también por tu trabajo. Sigo cada una de los destellos que dejas caer en este blog y el libro “Islas en la red” nos hizo aprender algunas cosas.

    un abrazo

    salud y poesía!

    mariano

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  2. Hola Mariano,

    Qué bien verte/les por aquí. Yo también les tengo el ojo echado a ustedes, no se vayan a a creer, aunque a la entrevista en directo a David E. llegué tarde, Diablos.

    Abrazos

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  3. Poeta,
    aquí mariano de nuevo. Cual televisión que ametralla con reposiciones, puedes volver a escuchar la entrevista: la tengo colgada en nuestro blog, en la parte derecha están colgadas todas las entrevistas.
    saludos y nos seguimos la pista

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  4. cual resposición de “El halcón maltés”, a nosotros nos puedes volver a escuchar… ya colgué la entrevista con David Eloy desde nuestro blog. reitero mi gustazo de su palabra al volver a reescucharlo anoche.

    abrazos!

    mariano

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  5. Ya la escuché… y me he apuntado unas cuantas más para cuando tenga tiempo,¡vaya archivo! Y es cieto, yo no he visto a nadie decir sus poemas como lo hacen los Itinerantes. Convierten ese decir en un verdadero acto de comunión… Me parece muy difícil y extraordinario en estos tiempos. Nos seguimos.

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