Sobre la fuerza de la poesía

Vuelvo de otro viaje de trabajo. Estoy en una de mis “temporadas altas” y me temo que eso se nota en mi presencia aquí. Vuelvo convertido en miembro del Consejo de Panadería de la Filé Indiana (si quieren saber qué es una filé, lean, lean…), infladito como pavo y abrumado por el peso de este regalo que me suena a responsabilidad… y tras varios días de desconexión forzada me encuentro esta joya en el blog que a Mahmud Darwix dedica Luz Gómez García , y no me queda otra que copiarla y ofrecérsela a ustedes, junto con el insistente llamado a que no se pierdan ese blog.
Dice Darwix en traducción de Luz Gómez:

La fuerza de la poesía
Si te preguntan por la fuerza de la poesía, di: La hierba no es tan delicada como parece. No se rompe una vez ha ocultado su sombra nimia en el secreto de la tierra. En la hierba de las piedras reside la metáfora de lo ausente que se revela sin bombo ni platillo. La hierba es una profecía espontánea que no tiene más profeta que su color, antítesis del desierto. La hierba salva al viajero de la fealdad del paisaje y de un ejército que asedia el camino hacia lo posible. La hierba es la poesía que fluye del impulso, el gozo de lo simple, la sencillez del gozo. La lengua que se allega al significado, y el significado que casa con la hospitalidad de la esperanza.

Si te preguntan: ¿Recortas el mar o esculpes la piedra?, di: Nada taja la piedra salvo el cincel del agua. Y si te preguntan por la liza entre la poesía y la muerte, mira la hierba y di sin faltar a la verdad: No hay poesía que a la hora del encuentro derrote a la muerte, sino que la aplaza, la aplaza lo justo para demostrar las bondades del canto en una fiesta que sólo ha de acabar cuando la canción se complete. Entonces el cantante caerá en manos de su cazador, al acecho detrás de la puerta. Quizá nadie se percate de su muerte mientras la canción siga de boca en boca, mientras la canten los trasnochadores. Durante ese aplazamiento, los cantantes nuevos se imaginan que la muerte duerme, hasta que se despiertan entre amapolas que les dan la bienvenida, como la estrofa inicial de una copla cananea, nunca escrita del todo por los pastores de gacelas, ocupados en ahuyentar al lobo y los chacales.

De En presencia de la ausencia (Fi hadrat al-giyab, Beirut, Riad El-Rayyes, 2006)

Y leyendo a Vicente Luis Mora hablando de Conversaciones con Juan Ramón Jiménez, de Ricardo Gullón (y que pasa a la lista de “me lo pido”), me encuentro con esta frase de Juan Ramón, que Vicente Luis resalta y que yo corro a buscar donde grabarla para no olvidar. Les sugiero, si hay algún/a poeta por ahí, escuchando, que haga lo mismo. Dice Juan Ramón:

“un poeta no puede escribir hoy un poema como a fines del XIX o comienzos del XX (…) volver a la forma tradicional es confesar que se carece de forma propia.”

Conviene, ya digo, no olvidarlo.

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