Islas Canallas

Vergel… de belleza sin par… son nuestras Islas Canallas…

Año primero tras la muerte de Franco: una escultura con forma de cagajón dorado realizada con basura radiactiva procedente de la aún no extinta Unión Soviética, cruza las abarrotadas calles del Puerto de la Cruz en procesión tras sustituir a las tradicionales y veneradas imágenes marianas, con la aprobación y entusiasta visto bueno del episcopado nivariense. Se aberrunta la catástrofe al ritmo de pandereta sabandeña.

Antes de esa escena acabamos de asistir a la extinción de la saga de los Fernández de Lugo y Pontepadarte, paradigma de una cualquiera de ese puñado de familias que han gobernado ininterrumpidamente la isla de Tenerife en los últimos quinientos y pico años ya de manera directa o por monigote interpuesto (semejantes a los condes de la verga grande o los marqueses de las dunas de otras islas cercanas). Un cromo…

Todo esto pasa en las dos horas de lectura delirante que ofrece ISLAS CANALLAS, de Miguel Díaz Díaz, por mal nombre “Zurda”, guitarrista de las señeras bandas del punk isleño Escorbuto Crónico y Guerrilla Urbana. Se trata de su primer relato público, y cabría dejarlo botado en la gaveta diciendo “bueno, es una descarga, mucha mala leche y poco más”… y eso, mis amigos y amigas, sería un error.

Porque en ISLAS CANALLAS Zurda nos retrotrae a los olvidados años de plomo y bronca que siguieron en Canarias a la muerte de Franco (Los muertos de aquellos años nos resultan tal vez inoportunos porque su recuerdo puede poner en cuestión la famosa historia de la transición modélica y dos piedras…) y nos ayuda a recordar que la culpa de que las islas se mantengan en una postración social indiscutible (basta con ver las cifras oficiales de paro, pobreza, fracaso escolar, sueldos, etc y compararlos, no ya con la media europea sino con la española) no puede ser del último senegalés que saltó del cayuco, del último moro que arribó en patera o del último gallego que aterrizó en Fuerteventura a currar en la obra… Algo tendrán que ver con esto los apellidos que van a merendar al “Real Club Séptico de Santa Cruz” o a cenar al “Club Boñiguer” (lugares mencionados en el relato y que tal vez a alguno les suenen…)  que llevan cortando secularmente el cherne en estas islas nuestras…

La narración tiene  tono de la novela picaresca, porque la habitan pícaros en cada línea,  se desarrolla linealmente  a velocidad de crucero y en ella se encuentran algunas joyitas, como esta: “Don Alonso había pedido demasiados préstamos a la banco de la salud en el transcurso de una vida de excesos y la recaudación ejecutiva de aquel, de manos de La Parca, le embargó vida y aliento en un efímero segundo”. La escena de los prolegómenos y la procesión del Cristo de La Laguna es desternillante…

Islas Canallas se publicó hace dos años por el colectivo editorial Lágrimas y Rabia. Parece que acaba de salir una segunda edición de este libro del que en la isla de enfrente no teníamos noticia. Lo habitual.Gracias Yotti por hacérmelo llegar. Si lo ven por ahí no se lo pierdan.Se van a reir, aunque sea con risa de perro…

Aquí una foto del autor en la época en que coincidí con él en La Laguna y en algún tugurio concreto… es el último a la derecha. Supongo que tendrá menos pelo y más barriga, pero de sana mala leche sigue estupendo…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: