Dice Juan

Ayer, de vuelta de Tenerife, leí un libro de esos escasos a los que sólo cabe criticar su brevedad. Se trata de “Todos somos periferia“. Las conversaciones de Daniel Barreto y Fernando Herrera con el poeta isleño Juan Jiménez. Este libro forma parte de una colección muy interesante, “La ruta de la memoria“, dirigida por Rafael-José Díaz.

Siento una profunda admiración por la obra poética de Juan Jiménez, a la que se une la sensación que he tenido, en las breves ocasiones en que hemos coincidido, de estar ante un hombre bueno, ante alguien sin trampas.

La obra poética de Jiménez, nacido en 1940 en el sur profundo de Gran Canaria se recoge en dos volúmenes: Itinerario en contra, que agrupa cinco poemarios escritos entre 1961 y 1975, y Epigramas, publicado en 1999. Suficiente para dejar una huella cuyos contornos atraen a algunos de los jóvenes poetas y estudiosos isleños con más agudo sentido crítico, como son Barreto y Herrera. Se ha hablado de la tendencia a la brevedad y a los largos silencios encontrable en muchos poetas insulares. No sé si eso refuerza o debilita sus obras, habría que estar a cada caso, pero un día me detendré en hablar de la contrafaz de esa actitud de contención, voluntaria o no, lo que llamaría “la obsesión por la presencia”, tanto o más peligrosa, me parece, que, en ocasiones, el silencio.

Ya les digo, se trata de un libro breve, que cae en media hora, y si reprodujera aquí lo que más me ha gustado de la conversación que recoge, casi sería una copia completa. Pero estos dos fragmentos no puedo reprimirme a compartirlos con ustedes:

Dice Juan Jiménez de su poesía:

Entonces fui, más o menos, colocando, como digo, haciendo mi pared con mis piedras. Y mira, la pared ha aguantado, no se me ha caído. Debe ser que acerté. A cada piedra hay que buscarle la caída. Todas las piedras tienen una forma de encajar en otra piedra, y vas levantando la pared. También es cierto que hay un término en el habla nuestra del sur por el que, cuando ves una pared, y miras, dices: “esa pared está parida”. Fíjate, pared parida. ¿Sabes lo que quiere decir? Esa pared se va a reventar, se va a venir abajo. Mira, por ahí tiene una corcova, esa pared está parida. Está parida, está mal hecha. No la hicieron a conciencia. Y el agua puede ir empujando la tierra y termina que la pared se pare, se cae. Pero bueno, digo esto porque creo que uno ha acertado. Yo lo atribuyo a que he acertado. Pues claro, si no tendría que decir que soy un genio, y yo no soy un genio. Yo no quiero ser un genio. Yo quiero ser de los de abajo. Pero creo que acerté, ern muchas cosas. En la manera de seleccionar lo que decía, lo que no decía, cómo lo decía… como digo, buscando las piedritas para hacer mi pared.

Y sobre lo que los conversantes llaman “hebraísmos no conscientes”, atención:

(…) le dije que, de no ser por el profetismo, la Biblia hebrea hoy sería un libro sagrado más. Yo creo que ha sobrevivido y está donde está porque creo que paso a paso, pueblo a pueblo, uno detrás de otro, todas las culturas han asumido que la Biblia hebrea es parte de su libro sagrado. Creo que la Biblia hebrea ha sido asumida como parte del libro sagrado por todos los pueblos que la han conocido. En la traducción que sea. O en el original, es igual. La frase de Tsvetáieva: “todos los poetas son judíos” creo que es por eso. Todos los poetas, todos los profetas, todos los poetas tienen algo de profeta, sea cual sea su nivel, lo consigan o no lo consigan. Por el mero hecho de ponerte a escribir (…) yo pienso que está ante un acto que presagia, independientemente de que lo consiga o no, que presagia algo desconocido. Y cuando digo “algo desconocido” estoy hablando de ese algo que parece ser que hay en el judio en general. Porque “hebreo” viene de “eber”, es el individuo que está al otro lado, tiene que atravesar “abar”, pasar al otro lado, pasar el río o lo que sea. “Eber” es el individuo que está al otro lado, una vez que ha atravesado algo. Y “eber” origina “ibrí”, el “ibrí” “jabiru/japiru”. Todo el que ha llegado después de haber atravesado, cruzado o transgredido algo es un “hebreo”, un “ibrí”… Tsvetáieva, qué gran mujer.

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