El artista en la lógica del estado nacional

Una cosa que tiene estar quietito con la pata en alto es que uno lee y relee… y releyendo me he encontrado con esta interesante reflexión en “De las naciones a las redes“. Libro colectivo (De Ugarte, Quintana, Gómez, Fuentes… un interesante mix de autores castellano y catalano hablantes, por cierto, prologado por Josu Jon Imaz) que espero que esté pronto disponible en papel, pero que pueden ir leyendo ya.

En su capítulo tres, “Raza y cultura” me encuentro esta reflexión, que creo que es un buen alimento para pensar…

Esta subsunción del conflicto en el estado de cultura, en la identidad que nos es dada desde el propio estado nacional, es especialmente clara en los debates sobre la propia cultura y en especial sobre sus formas de jurídicas de propiedad. No es casualidad si la Unión Europea se resiste con fiereza a abrir sus mercados a Estados Unidos en todo aquello que considera digno ser considerado excepción cultural, del cine al camenbert. No es casualidad si los derechos de autor han sido elevados a la categoría de derecho humano universal y se han impuesto, por primera vez desde el Antiguo Régimen, verdaderos sistemas privados de imposición (como el canon sobre los CDs o el ADSL) para proteger a unos pocos centenares de privilegiados autores.

En la lógica del estado nacional, el artista, el creador, no puede ser sino una figura central de la construcción nacional. Un trabajador especializado de la reproducción identitaria del nacionalismo. Una labor digna de ser separada de la vida. Una figura que no debe ser confundida con “los aficionados que escriben en sus ratos libres” del mismo modo que un ciudadano que intenta esclarecer las causas del aumento de la criminalidad no debe confundirse con un policía o un Ministro del Interior. Por eso, una vez más, en este terreno la oposición izquierda­-derecha versa sobre como se les asegura la manutención, no si tiene sentido la función. Manutención que es más sensato asegurar, nos dicen los más liberales, mediante un monopolio artificial llamado propiedad intelectual. Manutención que habría que asegurar mediante un salario público que hiciera viable la profesionalización, afirman los que desde la izquierda pretenden liberar la Cultura, es decir, asegurar su gratuidad para todos y su universalidad. En una palabra, extender de forma más efectiva los modelos identitarios de la construcción nacional.

Así, en perpetua construcción, viviendo hacia dentro y haciendo vivir hacia dentro a los nacionales, la gran máquina social del estado nacional aparece ante nosotros como un constructo magnífico, insuperable si no es desde una lógica nacional alternativa y por tanto idéntica.

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