Y Cuarto. Intruso

Este concepto es un regalo de mi amigo Carlos Bruno, matemático y poeta (o al revés) en una conversación en mi casa. Y sí, uno es (o tiene la sensación de ser la mayor parte de las veces) un intruso en esto de la poesía, cada vez más territorio de especialistas…
Hace poco me preguntaron cómo teniendo una “vocación literaria” tan temprana (mi primer y, por fortuna, desaparecido libro se publicó andando yo por los 19-20 años) me dio por estudiar Derecho. Respondí que nunca en la vida, ni siquiera a los soñadores 18 años, se me pasó por la cabeza estudiar filología alguna, y mucho menos pensar en un futuro viviendo de (o alrededor de) la poesía. Por otra parte, si se piensa, si existe un mundo en el que las palabras tienen peso y son importantes es el del Derecho…

Incluso ahora, si tuviera la posibilidad de estudiar otra carrera, creo que me decantaría antes por económicas, informática, historia, sociología… esto de ser intruso es lo que tiene: uno es curioso (y culo de mal asiento).
Porque un intruso es un fronterizo, alguien que se encuentra siempre en medio de dos territorios sin acabar de pertenecer a ninguno, que está donde no se le ha invitado, se pasea por ahí sin las debidas credenciales. Alguien       indefectiblemente sospechoso. Alguien que encuentra un placer irrefrenable en traspasar límites, fronteras.

Claro, que esto también tiene sus inconvenientes:uno siente que algo se le escapa siempre, que no ha acabado de “leerlo todo”, y cuando trata con “profesionales del ramo”, no puedes evitar la sensación de estar a punto de meter la pata…a punto de ser bombardeado desde las alturas académicas al primer silencio no bien gestionado. Pero las alegrías intrusas compensan esos miedos:me compensa la desprofesionalizada (amateur, como le gusta a mi amigo David de Ugarte) maravilla que me producen poemas ajenos y la sorpresa que para mí es cada poema que escribo. En la entrevista me preguntan también porqué mis libros se han publicado tan espaciadamente, y contesto un par de cosas que son verdad, partiendo de las dificultades propias de la tarea: no tengo ninguna prisa en publicar, ni tengo ninguna obsesión con escribir mucho. Ventajas de intruso.

14 comentarios sobre “Y Cuarto. Intruso

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  1. Eso es, hermano. Y, para ese trabajo tatuado del que habla Ernesto, valgan también estas palabras del poeta venezolano Rafael Cadenas (Gestiones, 1992):

    (…) una labor sin pretensiones
    un trabajo
    de taller que preserva
    el bien recibido
    y lo entrega a otras manos en el estrépito.

    Vaya ese abrazo, cómplice, para Daniel y para Ernesto.

    quique

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  2. Paradójicamente hace falta más que palabras para ser poeta. Tal vez la cosa no sea utilizar el lenguaje (y darle la vuelta), sino más bien mirar hacia todos lados, sentir la belleza como parte fundamental de la realidad, esa cosa que absuelve, que levita de alguna forma inexplicable entre las calles y las cosas. La materia y los seres. La palabra es percepción, el tacto de la vida.

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  3. Lo importante no es ser poeta, sino que la poesía sea. En palabras de Mallarmé, las palabras deben tomar la iniciativa, utilizar al poeta como medio de apropiarse de la vida. Son las palabras las protagonistas de la poesía, no el poeta.

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  4. Gran texto, Daniel. Me quedo con la palabra como don o mejor, donación. Sobre todo porque señala el comienzo de lo primero que pronunciamos: respuestas siempre a palabras de otros. Por eso el nombre propio es lo menos nuestro. Saludos.

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  5. Bienhallado, Daniel, en esta casa casi recién estrenada. A veces creo que en el mundo tan ego(t)ista de los poetas se olvida que trabajamos con el patrimonio más colectivo que existe: el lenguaje, las palabras, que son de tod@s aunque haya quien trate de apropiarselo, porque si te quitan las palabras te dejan mudo y eso siempre le viene bien a alguien. Leí tu artículo en La Provincia, trataré de hacerme con el libro…

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  6. Me alegra encontrar una cita de Rafael Cadenas. Supe de la existencia de este poeta a través de una amiga venezolana (paisana suya). Intenté conseguir alguna obra suya en bibliotecas y librerías y no encontré nada. Tuve que conformarme con lo que afortunadamente nos ofrece internet, hasta que hace poco encontré una pequeña antología suya, recientemente publicada.

    Y algo muy parecido me pasó con otro gran poeta -argentino esta vez-: Roberto Juarroz. Me da la impresión de que, por lo menos en lo que a poesía se refiere, a veces vivimos bastante de espaldas a lo que hacen magníficos autores que comparten nuestra lengua al otro lado del Atlántico. Una pena.

    Aprovecho para dejarles un poema de Rafael Cadenas, perteneciente a Intemperie(1977), y que también tiene que ver con esto de la poesía y la palabra.

    Saludos

    ARS POÉTICA
    Que cada palabra lleve lo que dice.
    Que sea como el temblor que la sostiene.
    Que se mantenga como un latido.
    No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir brillos a lo que es.
    Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
    Seamos reales.
    Quiero exactitudes aterradoras.
    Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.
    Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restriégame la estafa.
    Te lo agradeceré, en serio.
    Enloquezco por corresponderme.
    Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

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  7. Hola Kintxo.Bienvenido y gracias por reproducir la ars poética de Rafael Cadenas. El comienzo de ese poema lo he utilizado precisamente, en un texto para una poética propia… Creo que tienes razón, es más, para mí, la poesía en castellano más viva que existe es la producida en La Otra Orilla, desde hace ya un montón de años: Juarroz, Gelman, Cardenal, Cadenas, Piñeira…

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  8. Hola Daniel, contesté un comentario tuyo por ahí, que de hecho comenta también tu último comentario aquí respecto de la poesía de esta orilla. Y de esta orilla te mando un habrazo aragán, que hacía tiempo estaba por darte:::: mugidos saludos :::: g.

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  9. Pingback: ser o estar poeta

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